jueves, 14 de enero de 2016

MAX WEBER Y LOS DIOSES



“También los dioses, a los que nos dirigimos en busca de protección, deben sujetarse a un orden o, como los grandes reyes, crearlo ellos mismos y convertirlo en el contenido específico de su voluntad divina. En el primer caso aparece detrás de ellos un poder impersonal superior que los vincula interiormente y mide el valor de sus actos, poder que puede ser de géneros muy distintos. Poderes universales impersonales de tipo supradivino se presentan en primer término como potencias del destino. Así la fatalidad de los helenos (Moira) que era una especie de predestinación irracional, particularmente indiferente desde el punto de vista ético, de los grandes rasgos esenciales de todo destino individual; es elástica dentro de ciertos límites, pero su infracción demasiado flagrante por medio de intervenciones contrarias al destino es peligrosa incluso para los grandes dioses. (...) Esta es la actitud interna normal del heroísmo guerrero, al que es ajena la fe racionalista en una "Providencia" sabia y buena éticamente interesada y por lo demás imparcial. Se nos manifiesta de nuevo aquel profundo abismo, del que ya hablamos de pasada, entre el heroísmo y toda clase de racionalismo religioso o puramente ético, con el que tropezaremos siempre. (...) Al lado de los dos modos primitivos de influir en los poderes suprasensibles, ya sea sometiéndolos mágicamente al servicio de los fines humanos, ya sea ganándolos no por la práctica de alguna virtud religiosa sino por halago al dar satisfacción a sus deseos egoístas, tenemos ahora la práctica de los mandamientos religiosos como medio específico de asegurarse la buena voluntad del dios.” 
[Max Weber, Economía y sociedad, México, Fondo de Cultura Económica, 1944, 2ª reimp. 2002, págs. 349-350. Cursivas mías].  



miércoles, 11 de noviembre de 2015

MITO: LA MALDAD DE LA NATURALEZA HUMANA PUEDE PRODUCIR BELLEZA

Carlo Gesualdo, príncipe de Venosa y conde de Conza (VenosaBasilicata8 de marzo de 1566-AvellinoCampania8 de septiembre de 1613) fue un compositor italiano, una de las figuras más significativas del Renacimiento.
El año 1586 se casó con su prima María de Ávalos, nieta de Carlo, conde de Montesarchio, y de Sveva Gesualdo. El matrimonio se celebró en Nápoles el 28 de mayo de 1586 con dispensa del papa Sixto V, en la iglesia de San Domingo Mayor, situada cerca al palacio donde habitaba la familia Gesualdo. Carlo tenía veinte años y María, veinticuatro; de su matrimonio nacería Emanuele.
Un día María conoció al duque de Andría y conde de RuvoFabrizio Carafa, de quien se enamoró, a pesar de que este estaba casado con María Carafa. Ambos se sintieron incapaces de escapar a la condición de meros amantes; estaban decididos a superar todos los obstáculos para encontrarse juntos. De esta manera, debido al sentido del honor y del castigo que poseía Gesualdo, era evidente que los amantes estaban arriesgando sus vidas. Mientras los amantes seguían frecuentándose, Gesualdo, que había detectado las mentiras de su mujer, permaneció en casa, en espera del momento propicio para una venganza que ya había sido ideada y planificada por el príncipe. El 16 de octubre de 1590 el príncipe le dijo a María que, si acaso fuera a necesitarlo, está partiendo hacia la caza en el bosque de los Astroni y volvería dos días después. Era éste el broche definitivo y el punto de inicio de un plan que estaba preparado al mínimo detalle. En la noche del martes al miércoles 17 de octubre de 1590, los dos amantes fueron atrapados en flagrante adulterio en la cámara del lecho de María y fueron bárbaramente ajusticiados y descuartizados.
De la violencia homicida cometida, Carlo fue libre de responsabilidad. Las circunstancias lo justificaban desde el punto de vista del Derecho y las costumbres de la época; tanto es así que el virrey de NápolesJuan de Zúñiga Avellaneda y Bazán, a quien Gesualdo acudió inmediatamente para dar noticia de lo acaecido, le exhortó a irse de Nápoles no para escapar de la ley, sino para no exacerbar con su presencia el resentimiento de los familiares de los muertos. Entendiendo esto, la partida de Carlo desde Nápoles hacia su inexpugnable castillo-fortaleza de Gesualdo fue más bien un acto de cortesía y respeto que de miedo a las autoridades. El proceso se archivó un día después de su apertura:
per ordine del Viceré stante la notorietà della causa giusta dalla quale fu mosso don Carlo Gesualdo Principe di Venosa ad ammazzare sua moglie e il duca d'Andria
 (por orden del virrey por cuanto la notoriedad de la causa justa de la cual fue afrentado don Carlo Gesualdo, príncipe de Venosa, para castigar a su mujer y al duque de Andria).


Las excelentes relaciones de su familia con la Iglesia hicieron que su obra no sufriera ningún tipo de censura. Sus composiciones se salen de los cánones de la época: Gesualdo no tenía que agradar a nadie, escribía para sí mismo, el resultado fue una obra original, extraña y sorprendente en el Renacimiento. Fue así de extraña por su uso constante de la disonancia y del cromatismo, algo impensable para la época que veía en su seno el inicio de una protoarmonía tonal que se desarrollaría en el barroco como, por ejemplo, con el Tratado de armonía, de Jean Phillippe Rameau (1722). Por ello, se considera que Gesualdo fue un adelantado de su época.
Su obra se vio influida por el carácter nuevo de la música de Luzzasco Luzzaschi, a quien conoció en Ferrara y a quien dedicó en 1594 su cuarto libro de madrigales.
En 1593, con la ayuda de su tío el arzobispo, contrajo matrimonio con Leonor de Este, hija del marqués Alfonso de Este pero, debido a las infidelidades del compositor, el matrimonio fracasó. Tuvo dos hijos, uno de ellos por matrimonio, y ambos murieron a muy temprana edad; la muerte del primero por asfixia fue imputada a Gesualdo, y la muerte del segundo, en 1600, lo afectó notablemente, lo que podría ser el punto de partida de la particular penitencia que se autoadministró. Consideró la muerte de sus hijos como castigo de la justicia divina, y vivió atormentado hasta sus últimos días. Para expiar sus culpas, se sometió a prácticas masoquistas que incluían escenas de flagelación con muchachos para, según su creencia, expulsar a los demonios. Después de una de estas sesiones, se encontró a Carlo Gesualdo muerto y desnudo el 8 de septiembre de 1613. Según algunas fuentes, su muerte fue voluntaria (véase suicidio), pero otras indican que podría haber sido asesinado por alguno de los jóvenes con los que se flagelaba.
El incidente del asesinato de su esposa se menciona en una escena de la película True Story (Rupert Goold, 2015, distribuida en español con el título Una historia real), en la que se escucha Se la mia morte brami, interpretada por Delitiae Musicae, bajo la conducción de Marco Longhini y distribuida por Naxos Records.







INFORMACIÓN SACADA DE: https://es.wikipedia.org/wiki/Carlo_Gesualdo 

martes, 10 de noviembre de 2015

MITO: CIRCE Y PHISIS



"Curiosamente, la primera vez que aparece la palabra physis en griego acontece en la Odisea  y aplicada a la droga que sirve de antídoto para la de Circe, que ha convertido en cerdos a los compañeros de Ulises:

«El Argifonte [Hermes] me dio el remedio, arrancando de la tierra una planta cuya naturaleza (physis) me enseñó. Tenía negra la raíz y era blanca como la leche en su flor».

Partiendo de este texto, algún intérprete ha sugerido que el fármaco de Circe debía ser una solanácea, y más recientemente otro ha sugerido que el fármaco de Hermes debía ser un hongo psilocibio, por la capacidad de los alcaloides indólicos para contrarrestar a los atropínicos de las solanáceas. Con todo, sus argumentos se sustentan sobre algunas suposiciones innecesarias, y es evidente que el texto homérico no puede descifrarse de modo seguro".

[Véase, Antonio Escohotado, Historia general de las drogas, Madrid, Espasa-Calpe, 1998, 5ª ed., 2002, págs. 136-137].






viernes, 30 de octubre de 2015

MITO: Las verdades del comunismo por Ayn Rand


Ayn Rand explica en una de sus primeras novelas, Los que vivimos (1936), su visión de lo que era la Rusia Soviética, un país donde la gente tenía miedo de pensar y hablar libremente por si sus vecinos les denunciaban y acababan en el Gulag. En esta vida de infierno, la protagonista Kira prefiere morir a vivir en la tiranía, y así lo explica:

"Habéis venido como un solemne ejército a traer a los hombres una vida nueva. Les habéis arrancado de las entrañas aquella otra vida de la que no sabías nada, aquella vida palpitante que no os interesaba, y les habéis dicho qué debían pensar y qué sentir. Les habéis arrebatado todas las horas, todos los minutos, todos los nervios, todos los pensamientos, todos los sentimientos hasta lo más profundo de su alma, y luego les habéis dictado lo que debían pensar y sentir. Habéis venido a negar la vida a los vivientes. Nos habéis encerrado a todos en una jaula de hierro y luego habéis sellado las puertas; nos habéis dejado sin aire, hasta que las arterias de nuestro espíritu han estallado".

Rand critica la moral colectivista que proclama que el individuo no es nada sin la sociedad, siendo los fines de la misma los que deben imponerse a los del individuo. Años más tarde lo pensó: "La Rusia Soviética es la plasmación absoluta y consistente de la ética altruísta, y Stalin no corrompió un ideal noble. Si el servicio y el auto-sacrificio son ideales morales y si el egoísmo de la naturaleza humana previene al hombre de saltar a los hornos del sacrificio, no hay razón por la que un dictador no pueda imponerlos con la bayoneta por su propio bien o por el bien de la humanidad, de la posteridad o por el bien del último plan quinquenal de un burócrata. No hay razón para que se pueda oponer a cualquier atrocidad. ¿El valor de la vida humana? ¿Su derecho a existir? ¿Su derecho a buscar la propia felicidad? Estos son conceptos que pertenecen al individualismo y al capitalismo, a la antítesis de la moralidad altruísta".

Rand defiende la moral capitalista ya que es el sistema que defiende los derechos individuales, incluso el derecho a la propiedad que es poseída individualmente, y lo mejor para ella es que el capitalismo permite a los hombres convertirse en comerciantes que se relacionan voluntariamente. La propiedad permite al hombre sobrevivir como ser racional, permite al ser humano trabajar para sostenerse, ofreciendo talento a cambio de talento, sin utilizar la violencia, sino cambiando valor por valor. Al mismo tiempo permite que cada logro individual lo sea también de toda la sociedad, desde la invención de la rueda hasta la del ordenador, y puedan ser disfrutados incluso por los que no han hecho nada para crear progreso. Rand lo denominó "la pirámide de la habilidad" y dijo: "(...) el hombre colocado en el punto ínfimo de la escala, que abandonado a sí mismo perecería en su ineptitud sin esperanza, no contribuye en nada para los que están arriba de él y recibe, sin embargo, el beneficio de los cerebros de todos". Es, como se ha señalado, permitir que cada hombre utilice su cerebro para aplicarse y seguir su propia acción, el hecho metafísico básico de la naturaleza humana, lo que el capitalismo protege y reconoce.

[Véase, Ayn Rand, Los que vivimos, Barcelona, Plaza & Janés, 1962, pág. 458].








lunes, 12 de octubre de 2015

Karoo y Ulises



"Por fin, una noche, mientras estaba dándome una ducha larga, se me ocurrió una idea. La única idea supuestamente original que he tenido para una película.
Ulises. La Odisea de Homero pero en el futuro.
También habría una batalla de Troya, pero estaría ambientada en el espacio, y después de la batalla, Ulises y su tripulación volverían a casa a bordo de aquella goleta solar, volverían a Ítaca.
Los vientos solares los alejaban de su rumbo. Se encontraban con unas terribles corrientes cósmicas llamadas los Ríos del Tiempo, que los barrerían hasta regiones del espacio y del tiempo que nadie había explorado y de las que nadie más había oído hablar. A continuación venían desventuras y tribulaciones, Doncellas cósmicas y guerreros cósmicos. Y, sin embargo, durante todo aquello, Ulises seguía siendo en su interior un padre de familia, que solamente deseaba volver a casa, con su fiel esposa Penélope y su amado hijo Telémaco.
Mi idea se quedó en nada. La llevé a varios estudios, pero ninguno se interesó por ella.
Aunque se quedaron en nada, sin embargo, me hacía feliz pensar en ella de vez en cuando, y también de vez en cuando le añadía más nudos a la trama y más incidentes a la linea argumental. Hasta había veces en que estaba convencido de que un día me sentaría a escribirla".
El último capítulo del libro de Tesich, con un Karoo agonizando y muriéndose, encima de la taza del water del servicio de señoras de la oficina de su odiado Cromwell en Miami, imagina la goleta solar de Ulises y describe las aventuras del galáctico guerrero en su búsqueda de la verdad, ¿Por qué nació?, y reflexiona... "(...) Y en cada era, igual que en todas las precedentes y que en todas las que vendrán después, es el derramamiento de sangre el que derriba una era y entrona la siguiente. Mueren millones de individuos en nombre de alguien y luego ese alguien se ahoga en un mar de sangre, pero la carnicería continúa en nombre de algún otro"..., siendo su conclusión que "Todo ha sido por nada"; y dice: "Cuando reza. Ulises ya no reza a Dios, sino que reza porque Dios siga vivo, para que la nada no se imponga al final", y termina: "Y de vez en cuando reza:
-Bendito sea todo lo que vive. Padre, madre, hermanos, hermanas, hijos de la tierra, benditas sean vuestras vidas, porque son la alegría del mundo.
Y sigue navegando".
[Véase, Steve Tesich, Karoo, Barcelona, Seix Barral, 2013, págs. 81-82 y 539-556].






viernes, 18 de septiembre de 2015

MITO: Los demonios del hombre para Aldous Huxley




"En cuanto al hecho de escapar al espanto de sentirse persona aislada y sola, la mayoría de las personas eligen casi siempre un camino que no es el que va hacia arriba ni el que va hacia abajo, sino un camino llano.

Todos se identifican con alguna causa que supera en amplitud el ámbito de sus intereses inmediatos, pero que no es degradantemente inferior y, si resulta que es más elevada, sólo lo es en el rango de los valores sociales corrientes. En ese camino horizontal —o casi horizontal— la trascendencia puede darse en virtud de algo tan trivial como una manía o tan estimable como el amor matrimonial. Puede darse también por la identificación que uno hace de sí mismo con cualquier actividad humana, desde la dirección de un negocio hasta la investigación nuclear, desde la composición de una sinfonía hasta la busca y colección de sellos, desde las campañas de tipo político hasta la educación de los niños o el estudio de las costumbres matutinas de los pájaros. La autotrascendencia horizontal es de la mayor importancia. Sin ella no habría ni arte, ni ciencia, ni ley, ni filosofía y ni siquiera civilización. Y, ciertamente, tampoco habría guerra ni odium theologicum o ideologicum, ni intolerancia sistemática, ni persecución. Esos grandes bienes y esos enormes males son los frutos de la capacidad del hombre para la total y continua autoidentificación con una idea, un sentimiento, una causa. ¿Cómo podemos tener el bien sin el mal, cómo gozar de una elevada civilización, sin saturación de bombardeos y exterminación de herejes religiosos o políticos? La respuesta es que no podemos mantener el bien tan largo tiempo como nuestra autotrascendencia permanece en actitud horizontal. Cuando nos identificamos con una idea o con una causa es que nos hallamos de hecho en trance de adoración de algo de tipo doméstico, algo parcial y parroquial, algo que, no obstante su nobleza, tiene características excesivamente humanas. «El patriotismo», según la conclusión a que llega un gran patriota la víspera de su ejecución, decretada por los enemigos de su patria, «no es suficiente». Ni es socialismo, ni comunismo, ni capitalismo; ni tampoco es arte, ni ciencia, ni orden público, ni religión positiva, ni Iglesia. Todo esto es indispensable, pero ninguna de esas cosas es suficiente. La civilización exige del individuo una decidida autoidentificación con la más eminente de las causas de la naturaleza humana. Pero si esta autoidentificación con lo que es humano no va acompañada de un consciente y consistente esfuerzo para llevar a su culminación la autotrascendencia hacia lo alto en la vida universal del Espíritu, los bienes conseguidos aparecerán siempre mezclados con males que los contrapesen. «De la verdad misma hacen un ídolo escribió Pascal—, puesto que verdad sin caridad no es Dios, sino su imagen e ídolo, que nunca debemos amar ni adorar.» Y no deja de tener su razón el adorar a un ídolo; cosa en verdad inconveniente. La adoración de la verdad al margen de la caridad —autoidentificación con la ciencia que no va acompañada de una autoidentificación con el Fundamento de todo ser— se resuelve en esa particular situación en que ahora nos encontramos. Todo ídolo, exaltado como sea, deriva, a lo largo de su curso, haciéndose un Moloch hambriento de sacrificios humanos".


[Aldous Huxley, Los demonios de Loudun, Barcelona, Circulo de Lectores, 1973, págs. 167-168].





Hay que subir la colina de la esperanza, los seguidores de la escuela crítica de Frankfurt lo llamaron "la promesa de bondad".

jueves, 3 de septiembre de 2015

MITO: ¿arquetipos del incosciente colectivo?



El historiador y estudioso de mitología, Joseph Campbell dice que el ser humano contemporáneo es un ser siniestro, al haber renunciado el camino de la sabiduría y el sentido de la vida, [y como puerco se ponzoña en el lodo de las evasiones vacías de significado y pretendidamente llenas de sensaciones, cómo si necesitase sentir para parecer vivo]. Se ha roto el cordón umbilical de la ancestral sabiduría, y ya no se educa en lo que las civilizaciones anteriores siempre bebieron, sino en simple información desestucturada, sin génesis ni función; por lo que el conocimiento sufre las horas más bajas de la humanidad al encontrar en la cuantificación y no en la comprensión, su fin último. 
Campbell sostiene acertadamente que los mitos provienen de la región mística de la experiencia esencial, y múltiples han sido los antropólogos que así lo han apuntado. Y si no, ¿cómo es posible que civilizaciones sin conexión tuvieran las mismas experiencias de las mismas esencias comunes?  Los mitos no se inventan se experimentan.
El mito, como compendio de experiencias directas, necesita de la metáfora y del símbolo para transmitirse, y lo que enseña permite vivir plenamente a aquel que lo hace suyo, ya que explican el comportamiento de estructuras psíquicas compartidas por toda la humanidad. Los arquetipos convergen, e igualmente se dan en una catedral medieval, en un templo budista en una pirámide maya o en un zigurat sumerio, pero las ideas arquetípicas esenciales serán las mismas, aunque tengan diferentes significaciones, interpretaciones, racionalizaciones,costumbres, etc.
Para Jung, estas estructuras son los arquetipos del inconsciente colectivo, de lo que sobrepasa lo individual y nos comunica humanidad; y al mismo tiempo es la manifestación del instinto humano en sí mismo como especie, que como defiende Campbell, reside en nuestro cuerpo, en nuestro sistema nervioso, en nuestro cerebro.

[Véase, Joseph Campbell, Los mitos. Su impacto en el mundo actual, Barcelona, Kairós, 1994, pág. 243].