jueves, 6 de agosto de 2015

Los Dioses, los hombres, el universo...







"En el palacio, en lo alto de la ciudad, la pata de cama que es un olivo colocado en el corazón de la mansión y arraigado en la tierra de Ítaca establece el vínculo entre el pasado y el presente. En el huerto, en los campos, lo establecen las plantas y los árboles cuidadosamente cultivados. Los árboles plantados tiempo atrás han crecido. Como testigos veraces, mantienen la continuidad entre los tiempos en que Ulises era un chiquillo y la época actual, en que ha llegado al umbral de la vejez. Al escuchar esta historia, ¿no hacemos lo mismo, no unimos el pasado, la marcha de Ulises, con el presente, su regreso? Tejemos a la vez su separación de Penélope y su reencuentro con ella. En cierto modo, el tiempo de la memoria queda abolido, incluso cuando se recupera al seguir el hilo de la narración. Abolido y representado, porque el propio Ulises no ha cesado de conservar en la memoria la idea del retorno, porque Penélope no ha dejado de conservar en la memoria el recuerdo del Ulises de su juventud. Ulises duerme con Penélope, y se sienten como en su noche de bodas. Se reencuentran como jóvenes esposos. Atenea detiene el carro del sol para que el día no se alce demasiado pronto y el alba se demore. Esa noche fue la más larga para todo el mundo. Se miran, se cuentan sus aventuras y sus desdichas. Todo vuelve a ser como antes, parece que el tiempo se ha borrado. A la mañana siguiente, los familiares de los pretendientes, que se han enterado del homicidio, claman venganza; aparece una cohorte de parientes, de hermanos, de primos, de aliados, con las armas en la mano, para luchar contra Ulises, Telémaco, Laertes y sus fieles servidores. Atenea impide el enfrentamiento. No habrá lucha, la tregua, la paz y la concordia se han restablecido. Ahora, en Ítaca, todo vuelve a ser como antes, hay un rey y una reina, hay un hijo, hay un padre, hay unos criados, ha renacido el orden. El canto del aeda puede celebrar para todos los hombres de todas las épocas y en toda su gloria la memoria del regreso".

[Jean-Pierre Vernant, El universo, los dioses, los hombres. El relato de los mitos griegos, Barcelona, Anagrama, 2000, págs. 96-97].

domingo, 26 de julio de 2015

Norbert Elías y el péndulo de la violencia.




"Al observar cómo ha venido oscilando el péndulo de la violencia en la más reciente historia de Alemania —de la derecha a la izquierda, y quién sabe, de la izquierda a la derecha— casi siempre recuerdo la Orestiada de Esquilo. ¿Cómo escapar al círculo satánico de la venganza sangrienta, de la violencia que lleva a otros crímenes? Acaso lo recuerdan: los Dioses han dicho a Agamenón que sólo puede esperar vientos favorables en su viaje a Troya si asesina a su hija Ifigenia. A su regreso, Agamenón muere asesinado por Clitemnestra, su esposa, durante un baño. Las Erinnias llevan entonces a Orestes, su hijo, a vengar la muerte de su padre. Cuando Orestes —empujado por la furia de las Erinnias— asesina a su madre, ellas lo persiguen implacablemente. Orestes logra salvarse refugiándose en el recinto sagrado de Atenas que, finalmente, logra aplacar a las dioses de la venganza sangrienta, las que condenaban a la reproducción de la violencia".
[Norbert Elías, "La autoridad del pasado: en memoria de Theodor. W. Adorno". En 1977, Elías recibió en la ciudad de Frankfurt, el premio Theodor Adorno, instituido en memoria del gran sociólogo alemán].

sábado, 18 de julio de 2015

La aventura de Circe en la Odisea




"El texto de la Odisea, con su acumulación de aventuras, su espíritu solemne y elevado, su mezcla de realismo y fantasía, su deuda con el folclore, su dicción formularia y su profundo sentido poético, estaba plagado de ambigüedades y sugerencias que dejaban la puerta abierta a todo tipo de interpretaciones. Es comprensible que una aventura como la de Circe, con múltiples sucesos extraños e inesperados susceptibles de desarrollo, diera pie a que la imaginación de los receptores posteriores completara las posibles lagunas. Desde el primer momento se quiso buscar un sentido latente para elementos como el misterioso antídoto de Mercurio; la relación sexual entre el héroe y la pérfida diosa; los cambios de rol de Circe; la permanencia en Eea de esos viajeros obsesionados con el νόστος durante todo un año (un periodo del que sólo sabemos que consumen cantidades ingentes de carne y vino, según se reitera una y otra vez a través de las fórmulas); el inesperado viaje al Hades en el que desemboca la estancia con la diosa; la muerte de Elpénor ebrio justo antes de la partida.... Las lecturas moralizantes se imponen desde la Antigüedad, y a partir de la Edad Media todas las recreaciones de carácter propiamente literario están determinadas por las exegéticas. Las obras de Lope y Calderón son la culminación de tipo literario de esa tradición filosófica de exégesis moralista del episodio homérico que arrancaba de los estoicos, y que quizá fue formulada poéticamente por primera vez por Horacio (Ep. I, 2). Los escritores contemporáneos reciben y modifican a su gusto este amplísimo bagaje cultural, de modo que el mito continúa actualizándose y perviviendo en nuestros días, si bien en la literatura contemporánea lo simbólico ya no prevalece, sino que está al mismo nivel que lo poético. Quizá sea esta mezcla de poesía y filosofía el rasgo más unánime de las recreaciones del episodio homérico de Circe desde la Antigüedad griega. Esta conjunción, unida a los atractivos elementos de la narración homérica, hacen de Od. X una historia fascinante y proclive a las reelaboraciones, y determinan su rica pervivencia en la historia de la literatura occidental. Cada autor, al volver al episodio de Circe, emulaba y revivía a Homero a la vez que aportaba sus propias innovaciones, creándose en cada ocasión un nuevo episodio de Circe y Odiseo. La trayectoria de la aventura épica a través todas las etapas de la literatura occidental es un ejemplo de ese procedimiento por el que la literatura se nutre de mitos, y a la vez del proceso inverso, mediante el cual la literatura alimenta la mitología. Hemos podido ver que también la propia literatura se convierte en mito, y así las obras de un Homero o un Virgilio terminan formando parte del imaginario cultural, convirtiéndose la literatura mitificada en materia literaria. Más allá de lo que fuera en su origen el relato mítico del encuentro del héroe con la peligrosa diosa, con el transcurso de los siglos son las propias recreaciones literarias las que inspiran elaboraciones nuevas. Así, los autores grecolatinos tienen más presente el texto homérico que lo que pudiera ser el mito de Circe originario, como los de las épocas posteriores no versionan ya un mito, sino la poesía de Homero y del resto de maestros de las letras de Occidente".

[Aurora Galindo Esparza, El tema de Circe en la tradición literaria: de la épica griega a la literatura española, Tesis Doctoral. Universidad de Murcia, Facultad de Letras, 2013, pág. 400].   

viernes, 3 de julio de 2015

DILTHEY Y HOMERO



"Es natural que la Ilíada y la Odisea modernas se produjeran en Inglaterra: la vida de un hombre que se abre paso luchando en la sociedad moderna. Es natural que la lucha propiamente tal con los factores reales tuviera preponderancia en esa nación que domina el mundo. Entre nosotros, en la novela alemana, esta lucha tuvo lugar interiormente. Por ello en mi colección quiero poner a Novalis junto a Dickens en esta dirección".

[Obras de Wilhelm Dilthey. IX Literatura y Fantasía, México, Fondo de Cultura Económica, 1954, 2ª reimp., 1997, pág. 294]. 

domingo, 28 de junio de 2015

Ulises en Ulises de Joyce.


"El Odiseo homérico incluye en su astucia la simulación y el engaño. En el Canto XIII encontramos que incluso con la diosa Atenea se cuida de no decir toda la verdad: . Algo de lo que la diosa es consciente: . Cuando Odiseo llega a Ítaca se guarda de contar a Penélope los años que ha compartido lecho con la ninfa Calipso, y tampoco alude a su embeleso con Nausica. Es por esta razón, probablemente, por la que este capítulo se distingue, entre otros motivos, por los silencios, puesto que Bloom, el Odiseo moderno, controla la narración".

"(...) Metempsicosis, dijo él, frunciendo el ceño. Es griego: del griego. Quiere decir transmigración de las almas (...) Algunos creen, dijo, que seguimos viviendo dentro de otro cuerpo después de la muerte, que hemos vivido con anterioridad. Lo llaman reencarnación. Que todos hemos vivido antes en la tierra hace miles de años o en otro planeta. Dicen que lo hemos olvidado. Algunos dicen que recuerdan sus vidas pasadas.
(...) El baño de la ninfa sobre la cama. (...) Ninfas al desnudo: Grecia: y pongamos por caso toda aquella gente que vivía en aquel entonces. (...) Metempsicosis, dijo, es como los antiguos griegos lo llamaban. Ellos creían que te podía convertir en animal o en árbol, pongo por caso. Lo que llamaban ninfas, por ejemplo". 

[James Joyce, Ulises, Madrid, Cátedra, 2001, págs. XC, 72-73].

sábado, 11 de abril de 2015

LIBROS ANTIGUOS



Los libros antiguos cuentan sus propias historias, en la mayoría de las ocasiones son igual de hermosos que las historias que cuentan y guardan en su interior: el tesoro del paso del tiempo en el devenir del hombre. Leyéndolos nos damos cuenta de que el hombre siempre ha tenido las mismas inquietudes, pasiones y deseos; y que nuestra egocéntrica visión del mundo ya tuvo su inquietud y respuesta. Los libros antiguos nos interrogan sobre nuestra vida en el Mundo, y que otras vidas pasaron por el tiempo dejando la huella de su escritura; y en su reflejo vemos la imagen invertida de nuestra propia respuesta. Los libros antiguos huelen a otra época y nos trasladan a ella, sintiendo en sus respuestas las preguntas que siempre/nunca nos hicimos. Los libros antiguos son edificios conceptuales de transcendencias/intrascendencias mundanas, y nos miran mientras los leemos llenos de furia y dulzura. Los libros antiguos se hicieron para que disfrutemos de su lectura y no olvidemos a los que nos precedieron. Los libros antiguos sobrevivieron en el tiempo por causa del destino, otros muchos sucumbieron, bajo desastres naturales y por el odio del hombre, y esperan impacientemente que al leerlos sintamos lo mismo que los que los escribieron. Los libros antiguos esconden en su interior los tesoros del hombre.   

lunes, 6 de octubre de 2014

HORKHEIMER Y ULISES





"El héroe trágico tiene su origen en el conflicto entre la tribu y sus miembros, conflicto en el cual siempre cae vencido el individuo. Puede decirse que la vida del héroe no es tanto una manifestación de la individualidad como preámbulo a su nacimiento, que se logra mediante las bodas de la autoconservación con el autosacrificio. El único de los héroes homéricos en cuyo caso nos llama la atención su individualidad y fuerza para tomar decisiones propias es Ulises, héroe demasiado astuto para parecer realmente heroico".

[Max Horkheimer, Crítica a la razón intrumental, Buenos Aires, Sur, 1969, pág. 140.]