jueves, 3 de septiembre de 2015

MITO: ¿arquetipos del incosciente colectivo?



El historiador y estudioso de mitología, Joseph Campbell dice que el ser humano contemporáneo es un ser siniestro, al haber renunciado el camino de la sabiduría y el sentido de la vida, [y como puerco se ponzoña en el lodo de las evasiones vacías de significado y pretendidamente llenas de sensaciones, cómo si necesitase sentir para parecer vivo]. Se ha roto el cordón umbilical de la ancestral sabiduría, y ya no se educa en lo que las civilizaciones anteriores siempre bebieron, sino en simple información desestucturada, sin génesis ni función; por lo que el conocimiento sufre las horas más bajas de la humanidad al encontrar en la cuantificación y no en la comprensión, su fin último. 
Campbell sostiene acertadamente que los mitos provienen de la región mística de la experiencia esencial, y múltiples han sido los antropólogos que así lo han apuntado. Y si no, ¿cómo es posible que civilizaciones sin conexión tuvieran las mismas experiencias de las mismas esencias comunes?  Los mitos no se inventan se experimentan.
El mito, como compendio de experiencias directas, necesita de la metáfora y del símbolo para transmitirse, y lo que enseña permite vivir plenamente a aquel que lo hace suyo, ya que explican el comportamiento de estructuras psíquicas compartidas por toda la humanidad. Los arquetipos convergen, e igualmente se dan en una catedral medieval, en un templo budista en una pirámide maya o en un zigurat sumerio, pero las ideas arquetípicas esenciales serán las mismas, aunque tengan diferentes significaciones, interpretaciones, racionalizaciones,costumbres, etc.
Para Jung, estas estructuras son los arquetipos del inconsciente colectivo, de lo que sobrepasa lo individual y nos comunica humanidad; y al mismo tiempo es la manifestación del instinto humano en sí mismo como especie, que como defiende Campbell, reside en nuestro cuerpo, en nuestro sistema nervioso, en nuestro cerebro.

[Véase, Joseph Campbell, Los mitos. Su impacto en el mundo actual, Barcelona, Kairós, 1994, pág. 243].




viernes, 28 de agosto de 2015

MITO: La alegoría de la caverna de Platón y la cultura política que nos subyuga.



-Ya lo veo -dijo Glaucon.
-Pues bien, ve ahora, a lo largo de esa paredilla, unos hombres que transportan toda clase de objetos cuya altura sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales, hechas de piedra, de madera y de toda clase de materiales. Entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
-¡Qué extraña escena describes -dijo- y qué extraños prisioneros!
-Iguales que nosotros -dije-, porque, en primer lugar, ¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros, sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos?
-¿Cómo iba a ser de otra manera -dijo-, si toda su vida han sido obligados a mantener inmóviles las cabezas?
-Y de los objetos transportados, ¿no habrán visto lo mismo?
-¿Qué otra cosa van a ver?
-Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante ellos?
-Forzosamente.
-¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de enfrente? ¿Piensas que cada vez que hablara alguno de los que pasaban, creerían ellos que lo 
que hablaban era otra cosa sino la sombra que veían pasar ante ellos?
-No por Zeus -dijo.
-Entonces no hay duda -dije yo-, de que los tales no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos fabricados. 

(Platón, Rep., VII, 514a 515c. Trad. J. M. Pabón y M. F. Galiano).

Platón escribió esta alegoría para enseñar a sus alumnos que la base de la educación está en el alma. La educación no sería otra cosa que el arte de volver este órgano del alma a ver la realidad y no sus sombras, posibilitando la corrección. La realidad es saber contemplar la Idea del Bien, entre otras, también del Estado, "(...) armonizándose los ciudadanos por la persuasión o por la fuerza, haciendo que unos a otros se presten los beneficios de cada uno sea capaz de prestar a la comunidad. Porque si se forja a tales hombres en el Estado, no es para permitir que cada uno se vuelva hacia donde le de la gana, sino para utilizarlos para la consolidación del Estado". 
Al mismo tiempo, Platón tiene claro que hay que saber educar a los nuevos filósofos para ser "(...) conductores y reyes de los enjambres", capaces de participar tanto en la filosofía como en la política, y en consecuencia "(...) Cada uno a su turno, por consiguiente, debéis descender hacia la morada común de los demás y habituaros a contemplar las tinieblas; pues, una vez habituados, veréis mil veces mejor las cosas de allí y conoceréis cada una de las imágenes y de qué son imágenes, ya que vosotros habréis visto antes la verdad en lo que concierne a las cosas bellas, justas y buenas". Para el maestro, lo más lógico es ordenar a los justos cosas justas, y a continuación da una lección que bien podríamos situar en nuestros tiempos, si no fuera tan surrealista nuestra realidad política: 
"Así es, amigo mío: si has hallado para los que van a gobernar un modo de vida mejor que el gobernar, podrás contar con un Estado bien gobernado; pues solo en él gobiernan los que son realmente ricos, no en oro, sino en la riqueza que hace la felicidad: una vida virtuosa y sabia. No, en cambio, donde los pordioseros y necesitados de bienes privados marchan sobre los asuntos públicos, convencidos de que allí han de apoderarse del bien; pues cuando el gobierno se convierte en objeto de disputas, semejante guerra doméstica e intestina acaba con ellos y con el resto del Estado".
Sabias palabras para aquel que supo ver una realidad política que nos subyuga desde el origen de los tiempos, y más en las últimas fechas y no sólo en España, sino en todo el Mundo. 
[Véase, Platón, Diálogos. IV República, Madrid, Gredos, 1986, 2ª reimp., 1992, págs. 338-377].





martes, 25 de agosto de 2015

MITO: La divina forma humana. William Blake

W. Blake, El sol en el pórtico de Oriente, hacia 1815.


Agrippa de Nettesheim (1486-1535), tuvo una concepción mágica del mundo que influyó en Durero; y se basaba en las doctrinas gnósticas de Hermes Trimegistro, traducidas por Marsilo Ficino. Proclamó que el hombre no sólo había sido creado a la imagen de Dios, sino que además, estaba dotado de su omnipotencia. Colocó pues al hombre en el centro de la creación: "El hombre tiene el privilegio de formar parte de todo (...). Participa de la materia en su propio sujeto; de los elementos en su cuádruple cuerpo; de las plantas por su fuerza vegetativa; de los animales por la vida sensible; del cielo por el espíritu etéreo (...), de los ángeles por la sabiduría; de Dios por la síntesis de todo (...), y como Dios todo lo sabe, el hombre es capaz de conocer lo que es suceptible de conocimiento..."
William Blake en su himno Jerusalén (1804-1820), completa esta descripción y dice: "Todos son hombres en la eternidad, los ríos, las montañas, las ciudades y los pueblos, y si tú entras en su interior, te vuelve cielo y tierra, al igual que tú albergas en tu interior el cielo y la tierra y todo lo que percibes; y aunque parece que está en el exterior, está en realidad en el interior, en tu imaginación, de la que este mundo mortal no es más que una sombra".

[Véase, Alexander Roob, Alquimia & Mística, Köln, Taschen, 2011, págs. 430 y 443].


El himno Jerusalén de Blake ha sido propuesto como himno nacional de Inglaterra. 

domingo, 23 de agosto de 2015

MITO: El palacio de cristal de Dostoievski, la psicología del resentimiento o la enemistad hacia la Globalización.




"Ustedes creen en el palacio de cristal, indestructible, eterno, al que no se le podrá sacar la lengua ni mostrar el puño a escondidas. Pues bien, yo desconfío de ese palacio de cristal, tal vez justamente porque es de cristal e indestructible y porque no se le podrá sacar la lengua, ni siquiera a escondidas. 
Verán ustedes: si en vez de un palacio de cristal tengo un simple gallinero, cuando llueva podré cobijarme en él; pero, aunque le esté muy agradecido por haberme preservado de la lluvia, no lo tomaré por un palacio. Ustedes se ríen y me dicen que en este caso un palacio y un gallinero tienen el mismo valor. Y yo les responderé que así es, pero que no vivimos sólo para no mojarnos. 
¿Qué le vamos a hacer si se me ha metido en la cabeza que no se vive solamente para eso y que hay que vivir en un palacio? Ésta es mi voluntad porque éste es mi deseo. Y ustedes no conseguirán despojarme de mi voluntad si no modifican mis deseos. Pueden intentarlo, presentarme otro objetivo, ofrecerme otro ideal. Pero hasta que logren su propósito, me niego a tomar un gallinero por un palacio de cristal. Es posible que el palacio de cristal sea sólo un mito, que las leyes de la naturaleza no lo admitan y que lo haya inventado yo neciamente, impulsado por ciertas costumbres irracionales de nuestra generación. Pero ¿qué me importa que ese palacio sea inadmisible? ¿Qué me importa, si existe en mis deseos o, para decirlo con más exactitud, si existe mientras existan mis deseos? Se ríen ustedes de nuevo, ¿verdad? Bien, ríanse tanto como les plazca. Acepto todas las burlas pero me niego a decirme que estoy saciado cuando todavía tengo hambre. No me conformaré con un compromiso, con un cero que se renueva indefinidamente, por la única razón de que está de acuerdo con las leyes naturales y existe realmente. No admitiré que el coronamiento de mis deseos pueda ser una casa de ladrillo con alojamientos baratos cedidos en arrendamiento para mil años y que ostente el rótulo del dentista Wagenheim. Destruyan mis deseos, derriben mi ideal, preséntenme una meta mejor, y yo los seguiré. Me dirán ustedes, tal vez, que no vale la pena preocuparse por mí; pero piensen que yo puedo responderles lo mismo. Estamos discutiendo seriamente, pero les advierto que si ustedes no se dignan concederme su atención, no me echaré a llorar. Tengo mi subsuelo. 
¡Pero mientras yo exista, mientras yo desee, que mis manos se sequen si llevo un solo ladrillo a esa casa! No me digan que yo mismo he renunciado hace poco al palacio de cristal por el único motivo de que no podía sacarle la lengua. Si he hablado así no ha sido porque me guste sacar la lengua. Acaso lo que me irrita es precisamente que, entre todos los edificios que tienen ustedes, no haya uno solo al que no se le tenga que sacar la lengua. Es decir, me haría cortar la lengua, en un impulso de agradecimiento, si se arreglasen las cosas de modo que yo perdiese las ganas de sacar la lengua. Pero ¿qué me importa que las cosas no puedan arreglarse así y que haya que conformarse con tener un alojamiento económico? ¿Por qué tengo semejantes deseos? ¿Acaso no estoy constituido así para poder comprobar que esta constitución es sólo una broma de mal gusto? Pero ¿es éste verdaderamente el único objetivo? No lo admito. 
Por otra parte, ¿saben ustedes lo que les digo? Que estoy persuadido de que nosotros, los hombres del subsuelo, debemos estar atraillados. El hombre del subsuelo es capaz de permanecer silencioso en su cobijo durante cuarenta años; pero si sale del subsuelo, empieza a hablar, y ya no hay modo de detenerlo".

[Véase, Fiodor M. Dostoievski, Memorias del subsuelo, Barcelona, Barral editores, 1978, págs.- 65-66. Prólogo de Georges Steiner; Peter Sloterdijk, En el mundo interior del capital. Para una teoría filosófica de la globalización, Madrid, Siruela, 2007, 2ª ed., 2010, págs. 203-211].


Joseph Paxton creó el mítico palacio de hierro y cristal en 1851 para la Exposición Universal de Londres, destruido por un incendio en 1936. Dostoievski escribe Memorias del subsuelo en 1864. Pasaba por ser una de las maravillas tecnológicas del mundo, un triunfo del montaje en serie, de gran complejidad organizativa, el comienzo de la marcha triunfal de la Modernidad. Lo curioso es que el palacio carecía de nombre, fue Dostoievski quién así lo bautizó cuando visitó Londres en 1862. 

viernes, 21 de agosto de 2015

MITO: Walter Benjamin y el Ángelus Novus de Paul Klee

Tengo las alas prontas para alzarme,
Con gusto vuelvo atrás,
Porque de seguir siendo tiempo vivo,
Tendría poca suerte.
Gerhard Scholem: Gruss vom Angelus.



"Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. En él se representa a un ángel que parece como si estuviera a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado. Sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y éste deberá ser el aspecto del ángel de la historia. Ha vuelto el rostro hacia el pasado. Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irremediablemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso".

"Paul Klee, por ejemplo, se ha apoyado en los ingenieros. Sus figuras se diría que han sido proyectadas en el tablero y que obedecen, como un buen auto obedece hasta en la carrocería sobre todo a las necesidades del motor, sobre todo a lo interno en la expresión de sus gestos. A lo interno más que a la interioridad: que es lo que las hace bárbaras. (...) Paul Klee y otro tan programático como Loos, ambos rechazan la imagen tradicional, solemne, noble del hombre, imagen adornada con todas las ofrendas del pasado, para volverse hacia el contemporáneo desnudo que grita como un recién nacido en los pañales sucios de esta época".

[Walter Benjamin, Angelus Novus, Barcelona, Edhasa, 1971; Discursos Interrumpidos I. Filosofía del arte y de la historia, Buenos Aires, Taurus, 1989, págs. 183 y 169-170].





En 1921 Benjamin compró la acuarela de Paul Klee titulada: Angelus Novus. Por unos meses permanece en Münich en casa de G. Scholem y luego es llevada a Berlín. En 1932 Benjamin pensó en suicidarse y dejar de herencia la pintura a su amigo Scholem. En 1935 Benjamin emigra a París y lleva la pintura consigo. En 1940 antes de partir a los Pirineos para intentar escapar de los nazis deja la acuarela a resguardo de  Bataille en la Biblioteca Nacional de París. Al terminar la Segunda Guerra Mundial es llevada a Estados Unidos en donde queda en manos de Theodor Adorno que a su regreso a Frankfurt la lleva consigo. En la actualidad la acuarela está en el Museo de Israel en Jerusalen. Fue legada por la viuda de Scholem.

miércoles, 19 de agosto de 2015

MITO: Las tríadas o facultades del alma para los sabios del Renacimiento, o la hermenéutica del espíritu




Ficino piensa por tríadas el que efectúa el vínculo entre los dos extremos. El primero y más célebre ejemplo de tríada tiene el alma como término medio. Ésta, como un Janus bifrons, mira simultáneamente hacia el mundo sensible y hacia el mundo noético: puesto que cumple la mediación entre las cosas superiores y las inferiores, lo inmóvil y móvil, desea al mismo tiempo lo alto y lo bajo, sin decantarse por ninguno de los dos lados.
Otra tríada, que se sobrepone a la primera lo traduce en términos bíblicos: el Dios creador y la escala de las criaturas (Dios-hombre-animal, donde animal significa todo organismo vivo, los seres animados no dotados de razón). El hombre se define en tanto que alma, de modo que es un nodus et copula mundi, imagen microscópica, vicario de Dios en la tierra. El hombre es un gran milagro, dice Hermes Trimegistro en el Asclepius latino, puesto que representa la quintaesencia de todos los seres: lleva la vida de las plantas, de los animales, de los héroes, de los demonios, de los ángeles y de Dios. Omnis hominus animae haec in se cuncta quodammodo experitur, licet aliter aliae. Por el mismo motivo, Zoroastro habría llamado al hombre, artificio de naturaleza demasiado audaz, en el que Dios contempla satisfecho la obra maestra del arte del mundo que ha construido. 
En su Oratio de hominis dignitate o Carmen de pace de 1486, Pico de la Mirandola utiliza fórmulas parecidas a las de Ficino: Tú no estás limitado por ninguna barrera, dice Dios al hombre primordial. Es por tu propia voluntad, en poder de la cual yo te he dejado, a través de la cual determinarás tu naturaleza. Yo te he instalado en medio del mundo para que desde allí examines con mayor comodidad a tu alrededor todo lo que existe en este mundo. No te hemos hecho ni celeste ni terrestre, ni mortal ni inmortal, para que, dueño de ti mismo y teniendo, por así decirlo, el honor y la carga de modelar tu ser, te compongas en la forma que prefieras. Podrás degenerar en formas inferiores, animales; podrás, por tu propia decisión, regenerarte en formas superiores, divinas. Es por esta capacidad de transformarse, de llevar todo tipo de vida posible, por lo que podemos llamarte camaleón y Proteo: Quis hunc nostrum chamaeleonta non admiretur? Quem non immerito Asclepus (...) per Proteum in mysteriis significari dixit
[Véase, Ioan P. Culianu, Eros y magia en el Renacimiento, Madrid, Siruela, 1999, págs. 319-320].

miércoles, 12 de agosto de 2015

LIBROS EDITORIAL GREDOS








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