viernes, 12 de marzo de 2010

ARIANA

"En la fresca solemnidad de las galerías, su frente será más roja, de un rojo denso de sombra, y como lunas enemigas se enhiestarán los cuernos luminosos. Envuelto en el silencio vacuno que ha precedido su amargo crecimiento, paseará con los brazos cruzados sobre el pecho, mugiendo despacio.
O hablará. Oh sus dolidos monólogos de palacio, que los guardias escuchaban asombrados sin comprender. Su profundo recitar de repetido oleaje, su gusto por las nomenclaturas celestes y el catálogo de las hierbas. Las comía, pensativo, y después las nombraba con secreta delicia, como si el sabor de los tallos hubiera revelado el hombre... Alzaba la entera enumeración sagrada de los astros, y con el nacer de un nuevo día parecía olvidarse, como si también en su memoria fuera el alba adelgazando las estrellas. Y a la siguiente noche se complacía en instaurar una nueva nominación, ordenar el espacio sonoro de efímeras constelaciones...
No sabré ya nunca por qué su prisión alza en mí las máquinas del miedo. Tal vez entonces comprendí que estaba envuelto en una existencia ajena al hombre. Los hermanos parecen menos hombres y menos vivos, imágenes adheridas a las nuestra, apenas libres. Duele decir: hermano. ¡Lo es tan poco, turbio anochecer de nuestra madre! ¡Oh Minotauro, no quiero pensar en Pasifae, tú eres el Toro, el cabeza de toro recogido y amargo! Y alguien marcha contra ti mientras mi ovillo decrece, vacila, brinca como un cachorro en mis manos y bulle quedamente...
Los ojos de Teseo me miraron con ternura. Cosa de mujer, tu ovillo; jamás hubiera hallado el retorno sin tu astucia. Porque todo él es camino de ida. Nada sabe de nocturna espera, del combate saladísimo entre el amor y la libertad, ¡oh habitante de estos muros!, y el horror a lo distinto, a lo que no es inmediato y posible y sancionado.
Me dijo del triunfo, de su nave y del tálamo. Todo tan claro y manifiesto. A su lado era yo algo maligno e impuro, lácteo punto turbio en la claridad de la esmeralda. Entonces ordené las palabras de la sombra: Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana. Marchó sin más preguntas, seguro de mi soberbia, pronto a satisfacerla. Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana...¡Minotauro, cabeza de purpúreos relámpagos, ve cómo te lleva la liberación, como pone la llave entre las manos que lo harán pedazos!
El ovillo es ya menudo y gira velocísimo. Del laberinto asciende una sonoridad de pozo, de tambores apagados. Pasos, gritos, ecos de lucha, todo se confunde en el uniforme murmullo como de mar espeso. Sólo yo sé. ¡Espanto, aleja esas alas pertinaces! ¡Cede lugar a mi secreto amor, no calcines sus plumas con tan horrible duda!. ¡Cede lugar a mi secreto amor! ¡Ven, hermano, ven, amante al fin! ¡Surde de la profundidad que nunca osé salvar, asoma desde la hondura que mi amor ha derribado! ¡Brota asido al hilo que te lleva el insensato! ¡Desnudo y rojo, vestido de sangre, emerge y ven a mí, oh hijo de Parsifae, ven a la hija de la reina, sedienta de tus belfos rumorosos! El ovillo está inmóvil. ¡Oh azar!
[Julio Cortázar, Los Reyes, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1970, pág. 23].

jueves, 4 de marzo de 2010

LA HUMANIZACIÓN DE LOS DIOSES

En el recomendable libro de M. Finley, "El mundo de Odiseo", comenta el autor hablando de que la humanización de los dioses fue un paso de asombrosa audacia, al describir seres sobrenaturales no como espíritus sin forma, sino como hombres y mujeres, con forma humana y pasiones humanas, como una muestra de orgullo a la propia humanidad. Después de crear a los dioses de esta manera, el hombre homérico se decía a sí mismo semejante a los dioses. Nunca Homero cruzó la línea entre lo mortal y lo inmortal; esta universalidad de la humanidad de Homero era tan audaz y notable como la humanidad de sus dioses. Representa, para Finley una revolución religiosa, presentada de golpe, que jamás había existido antes en la historia de las religiones conocidas, ni orientales ni occidentales; aunque no fue completa ni universal, ya que la historia de la religión griega de los siglos siguientes muestra variaciones en este aspecto, según la clase social, carácter, temperamento individual, circunstancia. Más paradójico resulta el que los antiguos dioses de la naturaleza sobrevivieran, pero degradados o echados de lado, deliberadamente por parte de Homero, y ésta es precisamente la cuestión: los dioses homéricos eran malvados, pero estaban desprovistos de cualquiera cualidad ética. Para Finley, la ética del mundo de Odiseo estaba hecha por el hombre y sancionada por el hombre, éste los dirigía para que le ayudaran en sus múltiples actividades, no para pedirles una guía moral, con lo que los dioses olímpicos no habían creado el mundo, y por tanto no eran responsables de él. Los filósofos que le siguieron, protestaron contra la indiferencia de los dioses homéricos en materia de moral, pero es Aquiles quién explica la doctrina: "Los dolores, no obstante, dejémoslos reposar en el ánimo, a pesar de nuestra aflicción. Nada se consigue con el gélido llanto, que hiela el corazón. Pues lo que los dioses han hilado para los míseros mortales es vivir entre congojas, mientras ellos están exentos de cuitas. Dos toneles están fijos en el suelo del umbral de Zeus: uno contiene los males y el otro los bienes que nos obsequian. A quien Zeus, que se deleita con el rayo, le da una mezcla, unas veces se encuentra con algo malo y otras con algo bueno. Pero a quien sólo le da miserias le hace objeto de toda afrenta, y una cruel aguijada lo va azuzando por la límpida tierra, y vaga sin el aprecio ni de los dioses ni de los mortales".
[M. I. Finley, El mundo de Odiseo, México, Fondo de Cultura Económica, 1973, 1996 reimpresión, págs. 70-72; Homero, Ilíada, Madrid, Gredos, 2006, págs. 497-498].

viernes, 26 de febrero de 2010

GYÖRGY LUKÁCS Y EL MUNDO GRIEGO

Para Lukács en el mundo de la filosofía griega se pasa de la inmanencia absoluta de la vida en Homero, a su trascendencia en Platón; y sus estadios claramente diferenciados que desarrollan los jeroglíficos atemporales paradigmáticos de la configuración de la Epopeya, la Tragedia y la Filosofía. Para Lukács el mundo de la Epopeya responde la pregunta ¿Cómo puede hacerse esencial la vida? y sólo cuando la Tragedia responde estructuralmente la pregunta ¿cómo puede adquirir vida la esencia?, queda patente que la vida tal como es, ha perdido la inmenencia de la esencia, dice: "En el destino configurador y en el héroe que se encuentra creando, la esencia pura despierta a la vida, la mera vida se hunde al no-ser ante la única realidad verdadera de la esencia; se trata de una altura del ser más allá de la vida y llena de una floreciente plenitud (...) Tampoco esta existencia de la esencia ha nacido de la necesidad, del problema (...) el fondo problemático de la Tragedia sólo se hace visible y problemático en la Filosofía; sólo cuando toda existencia irreal se ha convertido en la realidad esencialmente única y transcendental, cuando también el destino de la Tragedia queda descubierto como capricho rudo y sin sentido del empirismo y de la pasión del héroe como unión a la tierra, su autoperfección como limitación del sujeto casual por la acción configuradora de la Filosofía, la respuesta al ser que da la Tragedia ya no aparece como evidencia, sino como milagro (...) El héroe de la Tragedia sustituye al hombre viviente de Homero, y lo explica y transfigura precisamente por el hecho de tomar de sus manos la feneciente antorcha, para encenderla con nueva iluminación". Para el pensador surge entonces un Helenismo nuevo y paradójico, la Estética se ha convertido de nuevo en Metafísica, y se puede así decir, que ya no existe ninguna totalidad específica del ser.
[György Lukács, Sociología de la Literatura, Barcelona, Península, 1989, 4ª ed., págs. 81-83].

sábado, 20 de febrero de 2010

OSWALD SPENGLER Y LA ILÍADA

Para Spengler es difícil vislumbrar una gran religión preantigua debido a los cantares homéricos, que para él impiden más que favorecen el conocimiento. Spengler tiene claro que el nuevo ideal, reservado a esta única cultura lo formaba el cuerpo de forma humana a la luz del sol, el héroe como intermediario entre el hombre y Dios, ésto lo testimonia la Ilíada, y señala: "Ya transfigurado en lo apolíneo, ya esparcido con sentido dionisiaco por todos los aires, era ésa, en todo caso, la forma fundamental de la realidad. El cuerpo, el soma como ideal de extensión, el cosmos como suma de esos cuerpos particulares, el ser, el uno como lo extenso en sí, el logos como orden luminoso- todo esto apareció, sin duda, en grandes rasgos ante la vista de los espíritus sacerdotales y apareció con la intensidad de una nueva religión".
Opina que toda la poesía homérica es pura poesía de clase, de dos mundos que conforman el mundo de la nobleza y el mundo del sacerdocio, el mundo del tabú y el mundo del tótem, el mundo del héroe y el mundo del santo, pero Homero sólo conoce uno, despreciando el otro, y dice: "Si las epopeyas homéricas no han desaparecido, como las leyendas heroicas recogidas por Carlomagno, se debe, simplemente a que no existía en la Antigüedad una clase sacerdotal estructurada, y la espiritualidad de las ciudades fue dominada por una literatura caballeresca y no religiosa. Las doctrinas primitivas de esta religión antigua- que por contradicción de Homero se adhieren al nombre de Orfeo, quizá más viejo-, no han sido nunca fijadas por la escritura".
Lo que queda claro es que no han llegado hasta nosotros grandes personalidades que redujeran la nueva visión cósmica a una forma mítico-metafísica, y se pregunta si la guerra de Troya fue una expedición militar o una cruzada. Su segunda preocupación es que la gran religión de la época primaria pertenece a una clase superior, y el pueblo ni la alcanza ni la entiende, y sigue: "Pero Esquilo y Píndaro se hallaban en el flujo de una gran tradición sacerdotal. Antes de ellos, los Pitagorinos pusieron en el centro de su doctrina el culto a Demeter, delatando así cuál era el núcleo de aquella mitología. Y antes aún, los misterios de Eleusis y la reforma órfica del siglo VII, y, finalmente, los fragmentos de Ferécides y Epimenides, que son los últimos -no los primeros- dogmáticos de una viejísima teología". Y su tercera afirmación es la no existencia de una contraposición entre la religión romana y la griega, sólo entonces, si prescindimos de los cantos heróicos, podemos vislumbrar algo de esa religión antigua. No se puede para Spengler afirmar que la religión romana a diferencia de la de las ciudades-Estados de Grecia, no conoció el mito, y en consecuencia nada sabríamos de las grandes leyendas divinas en la primera época si hubiéramos de atenernos a los calendarios de festividades y a los cultos públicos de las ciudades griegas; con o que afirma que si la ciencia actual nos da dos imágenes diferentes de la religión griega y de la romana, es debido al método empleado para sus estudios, y no a hechos.
[Oswald Spengler, La decadencia de Occidente, Madrid, Espasa-Calpe, 1993, 2 Vols. Vol. II, págs. 325-344].

domingo, 14 de febrero de 2010

JASÓN Y MEDEA

Jasón una vez que llegó a la capital de la Cólquide, se presentó ante el rey Eetes y, transmitiéndole los deseos de Pelias, le pidió el Vellocino. Eetes prometió entregárselo si lograba uncir dos toros salvajes, regalo de Hefesto, que destacaban por su tamaño, tenían pezuñas de bronce y exhalaban fuego por sus bocas. Una vez uncidos, sembraría los dientes de dragón. Cuando se planteaba llevar a término la hazaña apareció Medea, maga e hija de Eetes que se había enamorado de él al verlo. Obtuvo del héroe promesa de matrimonio y, a cambio, multiplicó avisos, predicciones, conjuros, y unguentos. Gracias a ello Jasón pudo uncir los toros sin riesgo alguno. Después, cuando al sembrar los dientes nacieron los hombres armados, los guerreros, no le pilló por sorpresa, lanzándoles piedras vió como se mataban entre sí, facilitándole la labor de exterminarlos. Pese a que el héroe había superado la prueba Eetes se negó a cumplir lo que había prometido, e incluso planteó quemar la nave Argo. Pero Medea se adelantó y condujo a Jasón hasta el boscoso santuario donde se encontraba el Vellocino, pero tenían que adormecer con hierbas a la horrible serpiente con su cresta, sus tres lenguas y sus nuevos colmillos que guardaba el árbol del oro. Cuando Medea le regó con unas hierbas de jugo somnífero y pronunció tres veces unos conjuros, la serpiente se durmió y Jasón se apoderó del oro y, ufano con su botín, llevó consigo su segundo triunfo, la mujer que le había hecho el regalo, también fue con ellos Apsirto, hermano de Medea, y así zarparon de noche los Argonautas. Pero el retorno a Grecia fue desmesurado en todos los sentidos, Medea mató a su hermano para romper del todo con su pasado, y la nave Argo realizó una travesía inverosímil: remontó el Danubio, bajó al mar Adriático, remontó el Erídano, descendió por el Ródano hasta su desembocadura; bordeó la costa itálica, deteniéndose para que Jasón y Medea fueran purificados por la maga Circe; atravesaron el peligroso estrecho de Mesina; se refugió en la isla de los Feacios; se introdujo en las arenas de Libia; costeó Creta, donde tuvo que enfrentarse a Talos, un inmenso autómata de metal, y llegó finalmente al puerto de Yolco.
Desde su llegada Jasón se ve enfrentado a los problemas de su hogar, desea devolver la juventud a su padre Esón, que con la ayuda de Medea, que con sus conjuros nocturnos, viaja en un carro tirado por serpientes a buscar hierbas mágicas, y rejuvenece con su poción al anciano. También aplicó el método de rejuvenecimiento al mismo Jasón, y considera la hora de tomar venganza de Pelias, en nombre de su marido. Persuade a las hijas de Pelias para que descuarticen a su padre le cuezan y Medea le rejuvenecerá, y, para que confíen convierte en un cordero a un carnero previamente troceado y cocido. Troceado por sus hijas, Pelias muere sin remisión, y aprovechando la presencia de héroes en Yolcos, sus exequias se celebran con todo tipo de juegos atléticos: los famosos juegos de Pelias. Mientras Jasón no quiere hacerse con el trono de la ciudad y se lo cede a Ascasto, el hijo de Pelias que le había seguido en su expedición; después se dirige con Medea a Conrintio, ambos vivirán allí diez años felices, y el trágico fin de sus amores. En un momento dado el rey de Corinto, Creonte, prometió a Jasón darle en matrimonio a su hija Glauce; y éste la desposó repudiando a Medea. La maga, invocó a los dioses que recibieron en su día la promesa de Jasón, y envió a la novia un peplo impregnado de veneno. Cuando se lo puso, fue abrasada por un violento fuego junto a su padre que fue a socorrerla. Medea mató a Mérmelo y a Feres, los hijos que había tenido con Jasón, y recibió en ese instante un carro tirado por serpientes aladas que le envio Helio (Sol) y montada en él huyó a Atenas.
[Miguel Ángel Elvira Barba, Arte y Mito. Manual de Iconografía Clásica, Madrid, Silex, 2008, págs. 428-431].

sábado, 13 de febrero de 2010

ULISES Y EL CÍCLOPE POLIFEMO

Tras la guerra de Troya y durante tres años narra Ulises las aventuras que vivió en la Odisea. Relata como llegaron a Tracia, donde estaban los Cicones, allí matan a todos los habitantes de la ciudad de Ismaro excepto al sacerdote de Apolo, Marón, que le obsequió en señal de agradecimiento con doce vasijas de vino dulce. La batalla con los Cicones había dejado 72 bajas entre los hombres de Ulises, parten y llegan al país de los Lotófagos, ahora bien, el loto es un fruto sin cuesco, de color de azafrán y del tamaño de una haba, que crece en racimos dulces y saludables, aunque tiene la propiedad de hacer que quienes lo comen pierdan por completo el recuerdo de su país; Ulises aunque sintió la tentación no lo probó. Luego llegó a una isla fértil y boscosa, habitada por innumerables cabras montesas, y mató a algunas para alimentarse. Resultó que era el país de los feroces y bárbaros Cíclopes, llamados así a causa de un gran ojo redondo que tenían en el centro de la frente. Habían olvidado el arte de la herrería que practicaban sus antepasados para Zeus y ahora eran pastores sin leyes, asambleas, naves, mercados ni conocimiento de la agricultura. Vivían hurañamente separados los unos de los otros, en cavernas escavadas en colinas rocosas; Ulises entra en una en la que colgaba una rama de laurel, sin saber que pertenecía a Polifemo, hijo gigante de Poseidón y la ninfa Toosa al que le encantaba comer carne humana. Los griegos encendiendo una gran fogata se acomodaron, y luego mataron y asaron varios cabritos que se hallaban encerrados al fondo de la caverna; se sirvieron también abundante queso que había en unos cestos colgados de las paredes, comiendo alegremente. Al anochecer llegó Polifemo a su cueva, introdujo a su rebaño y colocó una enorme roca cerrando la entrada, sin advertir a los no invitados huéspedes, se sentó a ordeñar a sus cabras y ovejas. Levantó la cabeza y vio a Ulises y a sus compañeros, y les preguntó furioso que hacían en su casa, Ulises dijo: "Amable mostruo, somos griegos que volvemos a nuestra patria después del saqueo de Troya. Te ruego que recuerdes tu deber con los dioses y nos trates amablemente". Como respuesta Polifemo cogió a dos marineros, les saltó los sesos sobre el suelo y se los comió crudos, gruñendo mientras lamía los huesos. Ulises pasó la noche ideando una manera de escapar del terrible mosntruo, ya que no podían mover la piedra de la entrada. Para desallunarse Polifemo rompió la crisma a otros dos marineros, saliendo después de la caverna con su rebaño pero sin olvidar poner la terrible losa. Ulises cogió una estaca de madera de olivo verde, y afiló y endureció su extremo. Por la noche volvió el cíclope y comió dos más de los doce marineros, y Ulises le ofreció cortesmente un cuenco lleno del vino fuerte que le había dado Maro, por fortuna tenía un odre lleno, Polifemo bebió ávidamente y pidió más, y condescendió a preguntar a Ulises su nombre: "Mi nombre es Oudeis -contestó Ulises- o así al menos me llaman todos, para abreviar. Ahora bien, Oudeis significa nadie". Te comeré el último le prometió el mostruo. Tan pronto como el cíclope cayó en un sueño profundo borracho, Ulises y sus compañeros calentaron la estaca y se la clavaron en el gran ojo del monstruo, el ojo silbaba y Polifemo lanzó un terrible gemido, que hizo que los cíclopes vecinos se acercaran rápidamente. Polifemo ciego gritaba que lo estaba y que nadie tenía la culpa, sus congéneres afirmaban que sería la fiebre y se fueron refunfuñando por el ruido. Polifemo retiró la roca de la entrada, mientras Ulises ató un carnero a la espalda de sus marineros, asiendo la lana con manos y pies, y al amanecer dejó Polifemo que su rebaño saliera palpando los lomos para que nadie estuviese subido a ellos. Así logró Ulises liberar a sus compañeros y llevar un rebaño de carneros a la nave, remando rápidamente Ulises se despidió con un grito irónico, Polifemo lanzó una gran roca y dijo: "Si alguien te pregunta quien te ha cegado, contéstale que no ha sido Oudeis, sino Odiseo de ítaca", El cíclope furioso suplicó a Poseidón: "Concédeme, Padre, que si mi enemigo vuelve otra vez a su casa, sea tarde y mal, en nave ajena, después de perder a todos sus compañeros, y encuentre nuevas cuitas en su morada". Poseidón escuchó a Polifemo y le prometió la venganza pedida.
[Homero, Odisea, Madrid, Cátedra, 2000, págs. 167-183; Robert Graves, Los mitos griegos, Madrid, Alianza Editorial, 1980, 2 Vols, Vol II, págs. 244-246].

sábado, 6 de febrero de 2010

ITALO CALVINO Y HOMERO

Italo Calvino nos alecciona sobre los niveles de realidad y de credibilidad de la escritura, expone poniendo de ejemplo el Ulises de la Odisea homérica el más sintético esquema de articulaciones entre niveles de realidad en la obra literaria, dice:
"El la Odisea, en efecto, las vicisitudes de Ulises en tercera persona engloban otras vicisitudes de Ulises en primera persona, que son las que cuenta Alcinoo, rey de los Feacios. Si comparamos las unas con las otras vemos que sus diferencias no son sólo gramaticales. Las vicisitudes contadas en tercera persona tienen una dimensión psicológica y afectiva que les falta a las otras. Y en ellas la presencia de lo sobrenatural consiste en apariciones de los dioses del Olimpo, que se manifiestan a los hombres bajo las vestiduras de comunes mortales. Por el contrario, las aventuras de Ulises contadas en primera persona parecen pertenecer a un repertorio mitológico más primitivo, en que los comunes mortales y los seres sobrenaturales se encuentran cara a cara, en un mundo poblado de monstruos, cíclopes, sirenas, magas que transforman a los hombres en cerdos: el mundo, en suma, de lo sobrenatural, pagano y preolímpico. Podemos por tanto definir dos niveles de la realidad mítica distintos, a los cuales corresponde dos geografías: una, correspondiente a la experiencia histórica de la época (la de los viajes de Telémaco y retorno a Ítaca); y otra, fabulosa, resultante de la yuxtaposición de tradiciones heterogéneas (la de los viajes de Ulises contados por Ulises). Podemos añadir que entre los dos niveles se sitúa la isla de los Feacios, o sea el lugar ideal del que nace la narración, utopía de perfección humana fuera de la historia y fuera de la geografía.
Me he alargado en este punto porque me sirve para ejemplificar cómo a los distintos niveles les corresponde un nivel de credibilidad distinto, o mejor, una distinta suspension of disbelief; admitiendo que un lector crea en las aventuras de Ulises contadas por Homero, ese mismo lector puede considerar a Ulises fanfarrón por todo lo que Homero pone en su boca, en primera persona. Pero cuidemos de no confundir niveles de realidad (internos a la obra) con niveles de verdad (referidos a un afuera). Por eso siempre tenemos que tener presente la totalidad de la frase:
Yo escribo que Homero cuenta que Ulises dice: yo he escuchado el canto de las sirenas".
[Italo Calvino, "Los niveles de realidad en la literatura" (1978), en Punto y aparte. Ensayos sobre literatura y sociedad. Barcelona, Tusquets, 1995, págs. 341-345].