domingo, 14 de febrero de 2010

JASÓN Y MEDEA

Jasón una vez que llegó a la capital de la Cólquide, se presentó ante el rey Eetes y, transmitiéndole los deseos de Pelias, le pidió el Vellocino. Eetes prometió entregárselo si lograba uncir dos toros salvajes, regalo de Hefesto, que destacaban por su tamaño, tenían pezuñas de bronce y exhalaban fuego por sus bocas. Una vez uncidos, sembraría los dientes de dragón. Cuando se planteaba llevar a término la hazaña apareció Medea, maga e hija de Eetes que se había enamorado de él al verlo. Obtuvo del héroe promesa de matrimonio y, a cambio, multiplicó avisos, predicciones, conjuros, y unguentos. Gracias a ello Jasón pudo uncir los toros sin riesgo alguno. Después, cuando al sembrar los dientes nacieron los hombres armados, los guerreros, no le pilló por sorpresa, lanzándoles piedras vió como se mataban entre sí, facilitándole la labor de exterminarlos. Pese a que el héroe había superado la prueba Eetes se negó a cumplir lo que había prometido, e incluso planteó quemar la nave Argo. Pero Medea se adelantó y condujo a Jasón hasta el boscoso santuario donde se encontraba el Vellocino, pero tenían que adormecer con hierbas a la horrible serpiente con su cresta, sus tres lenguas y sus nuevos colmillos que guardaba el árbol del oro. Cuando Medea le regó con unas hierbas de jugo somnífero y pronunció tres veces unos conjuros, la serpiente se durmió y Jasón se apoderó del oro y, ufano con su botín, llevó consigo su segundo triunfo, la mujer que le había hecho el regalo, también fue con ellos Apsirto, hermano de Medea, y así zarparon de noche los Argonautas. Pero el retorno a Grecia fue desmesurado en todos los sentidos, Medea mató a su hermano para romper del todo con su pasado, y la nave Argo realizó una travesía inverosímil: remontó el Danubio, bajó al mar Adriático, remontó el Erídano, descendió por el Ródano hasta su desembocadura; bordeó la costa itálica, deteniéndose para que Jasón y Medea fueran purificados por la maga Circe; atravesaron el peligroso estrecho de Mesina; se refugió en la isla de los Feacios; se introdujo en las arenas de Libia; costeó Creta, donde tuvo que enfrentarse a Talos, un inmenso autómata de metal, y llegó finalmente al puerto de Yolco.
Desde su llegada Jasón se ve enfrentado a los problemas de su hogar, desea devolver la juventud a su padre Esón, que con la ayuda de Medea, que con sus conjuros nocturnos, viaja en un carro tirado por serpientes a buscar hierbas mágicas, y rejuvenece con su poción al anciano. También aplicó el método de rejuvenecimiento al mismo Jasón, y considera la hora de tomar venganza de Pelias, en nombre de su marido. Persuade a las hijas de Pelias para que descuarticen a su padre le cuezan y Medea le rejuvenecerá, y, para que confíen convierte en un cordero a un carnero previamente troceado y cocido. Troceado por sus hijas, Pelias muere sin remisión, y aprovechando la presencia de héroes en Yolcos, sus exequias se celebran con todo tipo de juegos atléticos: los famosos juegos de Pelias. Mientras Jasón no quiere hacerse con el trono de la ciudad y se lo cede a Ascasto, el hijo de Pelias que le había seguido en su expedición; después se dirige con Medea a Conrintio, ambos vivirán allí diez años felices, y el trágico fin de sus amores. En un momento dado el rey de Corinto, Creonte, prometió a Jasón darle en matrimonio a su hija Glauce; y éste la desposó repudiando a Medea. La maga, invocó a los dioses que recibieron en su día la promesa de Jasón, y envió a la novia un peplo impregnado de veneno. Cuando se lo puso, fue abrasada por un violento fuego junto a su padre que fue a socorrerla. Medea mató a Mérmelo y a Feres, los hijos que había tenido con Jasón, y recibió en ese instante un carro tirado por serpientes aladas que le envio Helio (Sol) y montada en él huyó a Atenas.
[Miguel Ángel Elvira Barba, Arte y Mito. Manual de Iconografía Clásica, Madrid, Silex, 2008, págs. 428-431].

sábado, 13 de febrero de 2010

ULISES Y EL CÍCLOPE POLIFEMO

Tras la guerra de Troya y durante tres años narra Ulises las aventuras que vivió en la Odisea. Relata como llegaron a Tracia, donde estaban los Cicones, allí matan a todos los habitantes de la ciudad de Ismaro excepto al sacerdote de Apolo, Marón, que le obsequió en señal de agradecimiento con doce vasijas de vino dulce. La batalla con los Cicones había dejado 72 bajas entre los hombres de Ulises, parten y llegan al país de los Lotófagos, ahora bien, el loto es un fruto sin cuesco, de color de azafrán y del tamaño de una haba, que crece en racimos dulces y saludables, aunque tiene la propiedad de hacer que quienes lo comen pierdan por completo el recuerdo de su país; Ulises aunque sintió la tentación no lo probó. Luego llegó a una isla fértil y boscosa, habitada por innumerables cabras montesas, y mató a algunas para alimentarse. Resultó que era el país de los feroces y bárbaros Cíclopes, llamados así a causa de un gran ojo redondo que tenían en el centro de la frente. Habían olvidado el arte de la herrería que practicaban sus antepasados para Zeus y ahora eran pastores sin leyes, asambleas, naves, mercados ni conocimiento de la agricultura. Vivían hurañamente separados los unos de los otros, en cavernas escavadas en colinas rocosas; Ulises entra en una en la que colgaba una rama de laurel, sin saber que pertenecía a Polifemo, hijo gigante de Poseidón y la ninfa Toosa al que le encantaba comer carne humana. Los griegos encendiendo una gran fogata se acomodaron, y luego mataron y asaron varios cabritos que se hallaban encerrados al fondo de la caverna; se sirvieron también abundante queso que había en unos cestos colgados de las paredes, comiendo alegremente. Al anochecer llegó Polifemo a su cueva, introdujo a su rebaño y colocó una enorme roca cerrando la entrada, sin advertir a los no invitados huéspedes, se sentó a ordeñar a sus cabras y ovejas. Levantó la cabeza y vio a Ulises y a sus compañeros, y les preguntó furioso que hacían en su casa, Ulises dijo: "Amable mostruo, somos griegos que volvemos a nuestra patria después del saqueo de Troya. Te ruego que recuerdes tu deber con los dioses y nos trates amablemente". Como respuesta Polifemo cogió a dos marineros, les saltó los sesos sobre el suelo y se los comió crudos, gruñendo mientras lamía los huesos. Ulises pasó la noche ideando una manera de escapar del terrible mosntruo, ya que no podían mover la piedra de la entrada. Para desallunarse Polifemo rompió la crisma a otros dos marineros, saliendo después de la caverna con su rebaño pero sin olvidar poner la terrible losa. Ulises cogió una estaca de madera de olivo verde, y afiló y endureció su extremo. Por la noche volvió el cíclope y comió dos más de los doce marineros, y Ulises le ofreció cortesmente un cuenco lleno del vino fuerte que le había dado Maro, por fortuna tenía un odre lleno, Polifemo bebió ávidamente y pidió más, y condescendió a preguntar a Ulises su nombre: "Mi nombre es Oudeis -contestó Ulises- o así al menos me llaman todos, para abreviar. Ahora bien, Oudeis significa nadie". Te comeré el último le prometió el mostruo. Tan pronto como el cíclope cayó en un sueño profundo borracho, Ulises y sus compañeros calentaron la estaca y se la clavaron en el gran ojo del monstruo, el ojo silbaba y Polifemo lanzó un terrible gemido, que hizo que los cíclopes vecinos se acercaran rápidamente. Polifemo ciego gritaba que lo estaba y que nadie tenía la culpa, sus congéneres afirmaban que sería la fiebre y se fueron refunfuñando por el ruido. Polifemo retiró la roca de la entrada, mientras Ulises ató un carnero a la espalda de sus marineros, asiendo la lana con manos y pies, y al amanecer dejó Polifemo que su rebaño saliera palpando los lomos para que nadie estuviese subido a ellos. Así logró Ulises liberar a sus compañeros y llevar un rebaño de carneros a la nave, remando rápidamente Ulises se despidió con un grito irónico, Polifemo lanzó una gran roca y dijo: "Si alguien te pregunta quien te ha cegado, contéstale que no ha sido Oudeis, sino Odiseo de ítaca", El cíclope furioso suplicó a Poseidón: "Concédeme, Padre, que si mi enemigo vuelve otra vez a su casa, sea tarde y mal, en nave ajena, después de perder a todos sus compañeros, y encuentre nuevas cuitas en su morada". Poseidón escuchó a Polifemo y le prometió la venganza pedida.
[Homero, Odisea, Madrid, Cátedra, 2000, págs. 167-183; Robert Graves, Los mitos griegos, Madrid, Alianza Editorial, 1980, 2 Vols, Vol II, págs. 244-246].

sábado, 6 de febrero de 2010

ITALO CALVINO Y HOMERO

Italo Calvino nos alecciona sobre los niveles de realidad y de credibilidad de la escritura, expone poniendo de ejemplo el Ulises de la Odisea homérica el más sintético esquema de articulaciones entre niveles de realidad en la obra literaria, dice:
"El la Odisea, en efecto, las vicisitudes de Ulises en tercera persona engloban otras vicisitudes de Ulises en primera persona, que son las que cuenta Alcinoo, rey de los Feacios. Si comparamos las unas con las otras vemos que sus diferencias no son sólo gramaticales. Las vicisitudes contadas en tercera persona tienen una dimensión psicológica y afectiva que les falta a las otras. Y en ellas la presencia de lo sobrenatural consiste en apariciones de los dioses del Olimpo, que se manifiestan a los hombres bajo las vestiduras de comunes mortales. Por el contrario, las aventuras de Ulises contadas en primera persona parecen pertenecer a un repertorio mitológico más primitivo, en que los comunes mortales y los seres sobrenaturales se encuentran cara a cara, en un mundo poblado de monstruos, cíclopes, sirenas, magas que transforman a los hombres en cerdos: el mundo, en suma, de lo sobrenatural, pagano y preolímpico. Podemos por tanto definir dos niveles de la realidad mítica distintos, a los cuales corresponde dos geografías: una, correspondiente a la experiencia histórica de la época (la de los viajes de Telémaco y retorno a Ítaca); y otra, fabulosa, resultante de la yuxtaposición de tradiciones heterogéneas (la de los viajes de Ulises contados por Ulises). Podemos añadir que entre los dos niveles se sitúa la isla de los Feacios, o sea el lugar ideal del que nace la narración, utopía de perfección humana fuera de la historia y fuera de la geografía.
Me he alargado en este punto porque me sirve para ejemplificar cómo a los distintos niveles les corresponde un nivel de credibilidad distinto, o mejor, una distinta suspension of disbelief; admitiendo que un lector crea en las aventuras de Ulises contadas por Homero, ese mismo lector puede considerar a Ulises fanfarrón por todo lo que Homero pone en su boca, en primera persona. Pero cuidemos de no confundir niveles de realidad (internos a la obra) con niveles de verdad (referidos a un afuera). Por eso siempre tenemos que tener presente la totalidad de la frase:
Yo escribo que Homero cuenta que Ulises dice: yo he escuchado el canto de las sirenas".
[Italo Calvino, "Los niveles de realidad en la literatura" (1978), en Punto y aparte. Ensayos sobre literatura y sociedad. Barcelona, Tusquets, 1995, págs. 341-345].

martes, 2 de febrero de 2010

EL CERTAMEN DE HESÍODO Y HOMERO.

Sin la Ilíada y la Odisea, fuente de inspiración de casi toda la literatura griega, latina y para gran parte de la cristiana, no puede entenderse el pensamiento occidental, tan determinado por la cultura clásica y ésta por la homérica, mientras los poemas de Hesíodo abrieron la puerta a la conciencia individual del hombre antiguo, al reconocimiento de un Derecho sancionado por la divinidad, o lo que es lo mismo, a la organización temporal y espacial, religioso e histórica del mundo.
Otro día hablaremos de su Teogonía y sobre todo, de sus Trabajos y días, donde describe el modus vivendi de sus coetáneos.
Pero hablemos de la relación de ambos poetas, y sobre todo, del Certamen de Calsis, proclamado por Ganíctor para celebrar el funeral de su padre el rey Anfidamante de Eubea, donde convocó a los juegos a todos los varones que sobresalían por su fuerza, rapidez o sabiduría. Parece ser que ambos poetas compitieron admirablemente y que Hesíodo le preguntó a Homero sobre lo esencial del hombre, y éstas son sus respuestas. Señalamos como anécdota que Hesíodo ganó el certamen ¿injustamente?
Hesíodo pregunta a Homero sobre qué es mejor para los mortales, responde:
"Primero no nacer es lo mejor para los que habitan sobre la tierra; pero si no obstante se nació, traspasar cuanto antes las puertas de Hades". Le preguntó sobre lo más hermoso del corazón humano, y Homero contestó: "Siempre que la alegría reine por todo el pueblo y los comensales escuchen en palacio al aedo sentados en orden y a su lado rebosen las mesas de pan y carnes y el escanciador sacando el vino de la crátera lo lleve y vierta en las copas. Esto me parece lo más hermoso que hay en su corazón".
Le pregunta también sobre lo mejor y lo peor para los mortales al mismo tiempo, y Homero respondió: "el mejor de los bienes consistirá en tenerse a sí mismo como medida y también el peor de todos los males". Le preguntó sobre cómo se pueden gobernar mejor las ciudades y en qué costumbres, y dijo el hijo de Meles: "Si no se desea obtener ganancias por malos medios, se honra a los buenos y la justicia se cierne sobre los injustos". Otra pregunta de Hesíodo es sobre qué es lo mejor de todo para pedir a los dioses, Homero le respondió "Ser benevolente consigo mismo siempre en todo momento". Sobre cuál es el mejor de los dones naturales, le responde "En mi opinión almas nobles en el cuerpo de los hombres", también le inquirió para qué servían la justicia y el valor, y dijo: "Para asistirnos en nuestros afanes", sobre cuál es el fin de la sabiduría humana, le respondió: "Conocer bien las circunstancias y amoldarse a la situación", y sobre en qué situación es seguro confiar en los hombres, Homero sabiamente afirmó: "Cuando un mismo peligro amenaza nuestros negocios". Hesíodo quiere saber en qué consiste la felicidad humana, para Homero: "En afligirse lo menos posible con la muerte y alegrarse muchísimo".
[Hesíodo, Obras y Fragmentos, Madrid, Gredos, 2006, págs. 307-323].

domingo, 31 de enero de 2010

HOMERO Y LA ESCUELA DE ATENAS EN LA DIVINA COMEDIA DE DANTE

Entre tanto una voz pude escuchar:
"Honremos al altísimo poeta;
vuelve su sombra, que marchado había".
Cuando estuvo la voz quieta y callada,
vi cuatro grandes sombras que venían:
ni triste, ni feliz era su rostro.
El buen maestro comenzó a decirme:
"Fíjate en ése con la espada en mano,
que como jefe va delante de ellos:
Es Homero, el mayor de los poetas;
el satírico Horacio luego viene;
tercero, Ovidio; y último, Lucano.
Y aunque a todos igual que a mí les cuadra
el nombre que sonó en aquella voz,
me hacen honor, y con esto hacen bien".
Así reunida vi a la escuela bella
de aquel señor del altísimo canto,
que sobre el resto cual águila vuela.
(...) Lo cruzamos igual que tierra firme;
crucé por siete puertas con los sabios:
hasta llegar a un prado fresco y verde.
(...) Todos le miran, todos le dan honra;
y a Sócrates, que al lado de Platón,
están más cerca de él que los restantes;
Demócrito, que el mundo pone en duda,
Anaxágoras, Tales y Diógenes,
Empédocles, Heráclito y Zenón;
y al que las plantas observó con tino,
Dioscórides, digo; y vi a Orfeo,
Tulio, Livio y el moralista Séneca;
al geómetra Euclides, Tolomeo,
Hipócrates, Galeno y Avicena,
y a Averroes que hizo el Comentario.
No puedo detallar a todos ellos,
porque así me encadena el largo tema,
que dicho y hecho no se corresponden.
El grupo de los seis se partió en dos:
por otra senda me llevó mi guía,
de la quietud al aire tenebroso
y llegué a un sitio en donde nada luce.
[Dante Alighieri, Divina comedia, Madrid, Cátedra, 2000, 6ª ed., págs. 99-102].

LA ESCUELA DE ATENAS