miércoles, 2 de mayo de 2012

Laomedonte




"Tlepólemo fue el primero que le dijo estas palabras:
¡Sarpedón, consejero de los licios! ¿Qué necesidad tienes de estar aquí medroso tú, inexperto en la lucha? Miente quién diga que del linaje del Zeus, portador de la égida, eres, porque mucho desmereces de aquellos guerreros que nacieron de Zeus en tiempos de los hombres de antaño. No, aquéllos eran cual aseguran que fue el pujante Hércules, mi padre, de audaces propósitos, de ánimo como el león, que en cierta ocasión vino aquí por los caballos de Laomedonte con sólo seis naves y muchos menos hombres y devastó la ciudad de Ilio y vació sus calles. En cambio, cobarde es tu ánimo, y tus huestes perecen. Estoy seguro de que no vas a ser baluarte de los troyanos tú, que has venido de Licia, por muy esforzado que seas, sino que, doblegado por mí, cruzarás las puertas de Hades.
A su vez, Sarpedón, jefe de los licios, le miró y dijo: ¡Tlepólemo! En efecto, aquél arruinó la sacra Ilio por las insensateces de un hombre, el admirable Laomedonte, que amonestó con malignas palabras a quien le habia hecho bien y no pagó con los caballos por los que de lejos había venido. Atí, en cambio, te aseguro que la muerte y la negra parca alcanzarás aquí por obra mía y que, doblegado bajo mi lanza, a mí me darás honor, y la vida a Hades, el de ilustres potros".
Homero, Ilíada, V, 633-654. 

martes, 21 de febrero de 2012

Ares





Ares (Marte, en latín), era hijo de Zeus y Hera y, por eso, pertenece a la segunda generación de los Olímpicos, a diferencia de sus hermanas Hebe e Ilitía, que son divinidades secundarias. Desde la época homérica, Ares aparece como el espíritu de la Batalla, que goza en matanza y sangre. En el caso de la Guerra de Troya, combatió casi siempre a favor de los troyanos. Sin embArgo, como que le importa poco la justicia de la causa que defiende, a veces ayuda a los aqueos. Armado de pies a cabezas, generalmente lo acompañan demonios, que le sirven de escuderos, en particular Deimo y Fobo (el Temor y el Terror), que son hijos suyos, y también a Éride (la Discordia) y Enio. Según las fuentes, Ares habitaría en Tracia, un país semisalvaje de clima rudo, rico en caballos y recorrido por poblaciones guerreras. Según cierta tradición, el pueblo de las Amazonas, hijas de Ares, también moran allí.

La mayoría de los mitos en que interviene Ares son narraciones de combates, pero no siempre el dios sale vencedor. Parece como si los griegos, desde la época de Homero, se hayan complacido en mostrar la fuerza bruta de Ares contenida o burlada por la más inteligente de Heracles o por la viril prudencia de Atenea. Por ejemplo, en la batalla de Troya, Ares combatía al lado de Héctor, que se encontró frente a frente con Diomedes. Acometiólo en seguida, pero Ateneainterviene y se las compone de modo que desvía la lanza del dios,el cual es herido por Diomedes. Después de un alarido espantoso que oye todo el ejército, el dios huye al Olimpo para que le cure Zeus. Otro infortunio de Ares es su encarcelamiento por los Alóadas, que lo tuvieron, durante trece meses, encadenado y encerrado en una vasija de bronce.

Aparte de las historias de combate, la leyenda atribuye a Ares muchas aventuras amorosas. La más célebre, sin duda, es la que nos lo presenta unido clandestinamente con Afrodita, aunque tuvo muchos hijos con mujeres mortales. La mayoría de ellos fueron hombres violentos, inhospitalarios, que agredían a los caminantes, los mataban o se entregaban a actos de crueldad. Tuvo con Pirene tres hijos: Cicno, Diomedes de Tracia y Licaón -los tres murieron a manos de Heracles-. A veces se le atribuye la paternidad de Meleagro y la de Driante.

El cuadro es de Paolo Veronese, titulado Marte y Venus (1570) se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York.

Himno homérico a Ares





“Ares más que poderoso, abrumadora carga del carro de guerra, el de áureo yelmo, de intrépido corazón, portador de escudo, salvador de ciudades, revestido de bronce, brazo poderoso, infatigable, ardida lanza, valladar del Olimpo, padre de la Victoria , que concluye con bien la guerra, auxiliador de la Justicia, dictador para tus adversarios, guía de los varones más justos. Poseedor del cetro de la hombría, haces girar tu esfera de ígneo resplandor entre los prodigios de los siete caminos del éter, donde los potros flamígeros te conducen por siempre más allá de la tercera órbita.
(...) ¡Que pueda yo rechazar de mi cabeza la amarga cobardía, doblegar en mi interior la pasión que engaña el alma y contener la penetrante fuerza del bélico ardor, que me instiga a caminar por la batalla glacial! Concédeme en cambio, bienaventurado, el valor para permanecer dentro de las normas inviolables de la paz, huyendo del fragor de los enemigos y de violentos destinos de muerte".

El cuadro es de Diego Rodríguez Velázquez, titulado "El Dios Marte", (1638). óleo sobre lienzo que se encuentra expuesto en el Museo del Prado, Sala 15a.

jueves, 5 de enero de 2012

Bóreas: Dios del viento del norte





En la Mitología Griega Bóreas (en griego Βορέας, ‘viento del norte’ o ‘devorador’) era el dios griego del frío viento del Norte que traía el invierno . Bóreas era muy fuerte y tenía un violento carácter, cosa que unidas dan el fuerte y huracanado viento del norte...
Los griegos creía que su hogar estaba en Tracia , y tanto Heródoto como Plinio describen una tierra al norte llamada Hiperbórea ("más allá de Bóreas") en la que la gente vivía en completa felicidad hasta edades extraordinariamente longevas.
También se decía que Bóreas había secuestrado a Oritía , una princesa ateniense , del río Iliso Oritía era el nombre de una hija de Erecteo y de Praxitea , reyes de Atenas , de la que el dios-viento Bóreas se enamoró ardientemente. El padre de la joven se negó a permitir esta unión, por el frío que reinaba en Tracia , donde vivía el pretendiente, y por el mal recuerdo que los reyes de este país habían dejado en Atenas. Pero lejos de disuadirle, esta negativa aumentó aún más el furor de Bóreas, que levantando terribles torbellinos de viento raptó a la princesa y la trasladó a Tracia, donde reina con él desde entonces. Allí Oritía le hizo padre de dos niños al que luego les saldrían alas, Zetes Calais , y de dos hijas más: QuioneCleopatra .
Según Platón esta narración evoca un suceso real, cuando una princesa ateniense fue arrojada por el viento al mar, donde murió ahogada.
El nombre de Oritía, del griego oros (montaña) y giein (sacrificar), parece hacer refencia a que la joven iba a las montañas a celebrar sus misterios mágicos.

Desde entonces, los atenienses veían a Bóreas como un pariente político. Cuando Atenas fue amenazada por Jerjes , la gente rezó a Bóreas, de quien se dice que propició vientos que hundieron 400 barcos persas. Un suceso similar había ocurrido doce años antes, y Heródoto escribe:
"Ahora no puedo decir si fue esto por lo que realmente los persas fueron sorprendidos anclados por la tormenta, pero los atenienses están bastante seguros de que, al igual que Bóreas les había ayudado antes, igualmente era responsable de lo que ocurrió también en esta ocasión. Y cuando volvieron a casa construyeron al dios un altar junto al río Iliso."
Aurora, diosa romana del amanecer; Boreas, dios griego cuyo nombre da origen al viento... y de ahí la aurora boreal...
En La OdiseaHomero dio una explicación poética al origen de los vientos mediante una ingeniosa leyenda. Habiendo arribado Ulises y sus marineros a la isla Eólica, su dueño y señor, Eólo, agasajó a todos con varios días de celebraciones y festejos, y decidió regalar a Ulises un presente que le facilitase su regreso hacia Penélope. Se trataba del Odre de los Vientos, aunque le advirtió que nunca lo abriese pues podía desencadenar violentas tempestades al salir todo el viento de golpe. Sólo en casos muy precisos y siendo cuidadoso podía luchar contra las calmas, pero siempre siendo muy cuidadoso. Cuando Ulises y sus hombres embarcaron, pudo más la curiosidad que los prudentes consejos; y los marineros desoyendo a Ulises entreabrieron el Odre, y de repente se desató tan feroz tormenta que estuvo a punto de zozobrar su regreso a Ítaca.
[El cuadro es de John William Waterhouse y se titula Bóreas (1903), en honor al dios griego,  y muestra a una muchacha azotada por el viento. El cuadro estuvo desaparecido durante noventa años, hasta que se puso en venta a mediados de 1990].

martes, 6 de diciembre de 2011

Zoilo: el filósofo envidioso.




Al estudiar la Edad Ateniense pasamos muy de prisa sobre cierto sujeto con quien nos reconocemos en deuda. Hoy se considera que Zoilo el filósofo y Zoilo el retor son una misma persona y a esta persona se la sitúa en el siglo IV. Este envidioso universal se delata como cínico por su mente, por su apariencia y su indumento. Helo, con su ridicula capa, su alforja, su bastón de peregrino, su pelo al rape y sus barbas crecidas, husmeando murmuraciones y coleccionando miserias. El muy descarado se enfrenta con las figuras más venerabies, creyendo así engrandecerse. Atacaba lo mismo a Platón que a Sócrates, y a cuantos rebasaban la mediocridad, su diosa verdadera. Escribió hasta nueve libros contra Homero, libros de que sólo quedan regüeldos, que no trozos. Se creía el matador de Homero porque le contaba los lunares. Sus reparos no sólo son extraliterarios, sino mezquinos. Las más veces, afectan a la invención del poema, y el alejandrino Atenodoro, buen estoque, dio cuenta con ellos, aunque de antemano los tenía refutados la noción misma de la poesía. Otras veces, los reparos afectan a la gramática, y los deshizo todos el alejandrino Aristarco, que entendía en estos trances. Que los compañeros de Odiseo, dice Zoilo, no podían llorar después de ser transformados por Circe en puercos; que Ideo no debió abandonar su carro a la hora de escapar ¿A qué recoger sus boberías? Zoilo es uno de tantos despechados de nacimiento que abundan en la literatura, por supuesto de escaleras abajo. Abuelo de Celui qui ne comprend pas, deja numerosa descendencia. Es el precursor del "valbuenismo" y de otros amargados. Los cadáveres que amontonan por ahí estos matones gozan de buena salud. Homero parece que lo hubiera previsto y de antemano sentenciado en aquella repugnante figura de Tersites, capaz de impacientar al mismo Odiseo con su fealdad física y moral. Hoy se han perdido ciertas viejas prácticas: se asegura que los atenienses, hartos de Zoilo, lo precipitamos un día desde la roca de Escirón, camino de Megara. Si no fue verdad, merecía serlo. [Véase Alfonso Reyes, La filosofía helenística].

martes, 1 de noviembre de 2011

Grecia y Max Horkheimer





Para el pensador frakfurtiano Max Horkheimer, en un amplio sentido todavía está por escribirse la historia del individuo, incluso en la antigua Grecia, que no sólo produjo la noción de individualidad sino también los modelos para la cultura occidental. Dice Horkheimer:
"El modelo del individuo en ascenso es el héroe griego. Valeroso y confiado en sí mismo, triunfa en la lucha por la supervivencia y se emancipa así tanto de la tradición como de su tribu. Para los historiadores como Jacob Burckhardt, un héroe semejante es la encarnación de un egoísmo desenfrenado e ingenuo. Sin embargo, ese yo sin restricciones, mientras irradia el espíritu de dominio y agudiza el antagonismo entre el individuo y la comunidad y sus costumbres, permanece a oscuras en cuanto a la naturaleza del conflicto entre su yo y el mundo y, por consiguiente, cae víctima de todas las intrigas posibles. Sus acciones, terribles, no surgen de rasgos como la maldad o la crueldad, sino del deseo de vengar un crimen o de conjurar una maldición. La noción de heroísmo es inseparable a la de sacrificio. El héroe trágico tiene su origen en el conflicto entre la tribu y sus miembros, conflicto en el cual siempre cae vencido el individuo. Puede decirse que la vida del héroe no es tanto una manifestación de la individualidad como preámbulo a su nacimiento, que se logra mediante las bodas de la de la autoconservación con el autosacrificio. El único de los héroes homéricos en cuyo caso nos llama la atención su individualidad y fuerza para tomar decisiones propias es Ulises, héroe demasiado astuto para parecer realmente heroico".
[Max Horkheimer, Crítica de la razón instrumental,  Buenos Aires, Sur, 2º ed., 1973, pág. 140].   

martes, 20 de septiembre de 2011

Alejandro Magno y los Dioses





"Yo creo que tal vez exista un dios, tal vez el dios desconocido de los altares atenienses, que domina, dirige y une a todos los otros dioses. Un dios, tal vez el espíritu sagrado de los persas, que no se comporta como un ladrón y asesino de los montes ilirios. Un dios que es calor, saber, amor y justicia. Pero... lo que importa es el ejército. Los hombres. Ellos no son nada sin un estratega, y yo no soy nadie sin ellos. Ellos creen en Zeus, el cabecilla de la banda, y en todos los otros. No digo que esté convencido de que todo eso son tonterías. Tal vez haya algo de verdad. Tal vez la reunión de todos esos ladrones y violadores de madres constituya ese único dios que busco. Por eso no sólo quiero guardar las apariencias; tú y yo respetaremos las costumbres y ofreceremos sacrificios para pedir consejo y guía y consultar los oráculos. El ejército tiene que ver que creemos. O, como mínimo, que actuamos como si creyéramos".
[Gisbert Haefs, Alejandro Magno I, El unificador de Grecia. La Hélade, Madrid, Edhasa, 2005, págs. 282-283].