lunes, 20 de junio de 2011

Martin Buber y su concepto de arte.



Martin Buber en un magnífico ensayo hace una referencia al arte que me interesa, dice que actuar es crear, inventar es encontrar y dar forma es descubrir. Al crear descubro introduciendo la forma en el mundo del Ello. La obra producida es una cosa entre cosas, una suma de cualidades, es entonces experimentable y descriptible. Pero a quien la contempla y la crea, ella puede en algún momento reaparecérsele en su plenitud de forma corporizada:
"En la contemplación de algo interpelante se le revela al artista la forma. Él la refleja en la imagen. La imagen no habita en el mundo de los dioses, sino en el gran mundo de los seres humanos. Ciertamente está ahí, aún cuando ninguna mirada humana la visite; pero duerme. El poeta chino cuenta que los seres humanos no habían querido oír la canción que él tocaba con su flauta de jade, entonándola entonces para los dioses, los cuáles abrieron el oído, momento a partir del cual también los seres humanos quedaron a la escucha de la canción; así pues, el poeta ha ido desde los dioses hasta aquellos de quienes la imagen no puede prescindir. Tras el encuentro con el ser humano espera ansiosamente, como en un sueño, que él rompa el hechizo y abrace la forma durante un instante intemporal". 
En los tiempos actuales, dónde cualquiera puede crear formas, dónde su bombardeo es continuo, debemos de pararnos a pensar la forma que se calla, la forma que todavía no es y está dentro del artista para hacerla viva. Los que se adelanten en esa no-forma y la hagan visible en el momento oportuno tendrán que dar respuestas. Los que se anticipen, en cuanto a su concepción dentro de un tiempo común, de esa no forma que englobe toda forma realizarán el sueño dormido de todo artista. Por eso Homero supo dar forma a lo que escuchaba, pero para los dioses, no para los hombres. 
[Martin Buber, Yo y Tú, Madrid, Caparrós editores, 1993, págs. 42-43].

viernes, 10 de junio de 2011

La literatura como liberación







En las primeras décadas del siglo XIX la literatura, sobre todo la poesía, fue en su mayor parte patriótica. Los versos entusiastas del líder de la escuela jónica de poesía, Dionisios Solomós, animaron a la nación a liberarse del cautiverio turco. Su admirable Himno a la libertad (1823) se ha convertido en el himno nacional griego.
Posiblemente, el mejor poeta de la escuela jónica fue Andreas Calvos, un gran erudito clásico, autor de emocionantes poemas, escritos en una lengua original, mezcla de demótico y de arcaísmos, en cuya armoniosa textura resuenan los antiguos himnos griegos.
Cuando Grecia alcanzó la independencia en 1832, la literatura cobró un renovado vigor, expresando el espíritu de un pueblo muy cohesionado. Entre los narradores del siglo XIX más importantes destacan Emmanuel Roídis, satírico, crítico literario e importante traductor de autores ingleses y franceses, cuya primera obra fue la novela Pápisa Ioana (1865) Aléxandros Papadiamandis, novelista y autor de cuentos, trazó retratos líricos de la vida de los pueblos y escenarios isleños. Su obra carece por completo de influencias foráneas. En 1913, se publicó una recopilación de sus mejores historias, Orillas rosas. Otro autor de inspiración griega pura es el escritor jónico de cuentos Aryiris Eftaliotis. Su obra más conocida es Historias isleñas, 1897. Entre los poetas del siglo XIX del periodo posterior a la liberación destacó Aristotelis Valaoritis, famoso por el vigor de sus imágenes descriptivas en griego demótico. Otro importante autor de este periodo, el poeta simbolista Ioannes Papadiamandópulos, escribió en francés con el nombre de Jean Moréas y ejerció una influencia considerable en poetas jóvenes, como Constandinos Hadsópulos, también un gran escritor de ficción, y Miltiades Malacasis, que empezó su carrera escribiendo en francés pero pronto volvió al griego. También destaca Yeoryos Suris, un gran satírico político en la mejor tradición de Aristófanes. Suris publicó en verso un diario semanal que constituye un vivo y cáustico comentario de los asuntos públicos. Los primeros dramaturgos griegos importantes del siglo XIX, Dimetrios Vernadakis y Spiridon Vasiliadis, escribieron a la manera clásica. Ioannis Cambisis escribió en lengua vernácula dramas realistas y satíricos sobre la vida ateniense. Influenciado por el realismo ruso, el novelista y autor de teatro Spiros Melas escribió los dramas Hijo de la sombra (1907) y La casa en ruinas (1908) Las obras de Grigorios Xenópulos, especialmente Stella Violanti (1909), denotan la influencia del dramaturgo noruego Henrik Ibsen.




sábado, 30 de abril de 2011

Al examinar por primera vez la traducción de Homero, hecha por Chapman.



               Mucho he viajado por los dominios del oro,
               y muchos reinos y estados hermosos he visto;
               alrededor de muchas islas occidentales estuve
               que poetas en lealtad defienden para Apolo.

              A menudo me han hablado de un vasto espacio
              que el profundo Homero gobernó como heredad;
              pero nunca respiré su pura serenidad
              hasta que escuché a Chapman hablar recio y osado:

              entonces me sentí como un observador de los cielos
              cuando un nuevo astro deslízase en su visión;
              o como el fornido Cortés cuando con ojos aquilinos

              miró al Pacífico; y todos sus hombres
              mirándose entre sí con desenfrenada conjetura:
              en silencio, desde un cima sobre Darién.

         Soneto de John Keats, "Al examinar por primera vez la traducción de Homero, hecha por Chapman" (1816).


viernes, 22 de abril de 2011



El estudio comparativo de las mitologías del mundo nos hace ver la historia cultural de la humanidad como una unidad, pues encontramos temas que se repiten, mitos que se configuran de la misma manera como el robo del fuego, el diluvio, el mundo de los muertos, el nacimiento de madre virgen y el héroe resucitado, que se encuentran en todas las partes del mundo, apareciendo con nuevas combinaciones, permaneciendo como elementos de un caleidoscopio, sólo los mismos y siempre unos pocos. Como afirma Campbell, "Cada pueblo ha recibido su propio sello y signo de un destino particular, comunicado a sus héroes y comprobado cada día en las vidas y en las experiencias de su pueblo. Y aunque muchos de los que adoran a ciegas en los santuarios de su propia tradición, analizan y descalifican racionalmente los sacramentos de otros, una comparación honesta revela inmediatamente que todos ellos provienen de un único fondo de motivos mitológicos, seleccionados, organizados, interpretados y ritualizados de diversas formas de acuerdo a las necesidades locales, pero reverenciados por todos los pueblos de la tierra". 
Por ejemplo, muchas son las similitudes entre el Génesis y el mito de Pandora, cuentan lo mismo, la caída del hombre, siguiendo las mismas pautas. GÉNESIS: los humanos viven en el jardín del Edén, provistos de todo alimento, desconociendo del bien y del mal; TEOGONÍA: los humanos habitan una tierra que les provee de lo que necesitan, pero desconocen el motivo. Carecen de sabiduría y no son capaces de dominar la agricultura. GÉNESIS: Yaveh ha dispuesto que este sea el estado ideal para la humanidad y prohibe expresamente probar el fruto del árbol de la ciencia (sabiduría) para evitar que el hombre sea como Dios, y sus ojos sean abiertos, sabiendo del bien y del mal. TEOGONÍA: Aquí es Zeus quien dispone el mismo estadode ignorancia para el hombre, valiéndose de los demás dioses para que así sea (el monoteísmo bíblico es sustituido por el politeísmo griego). 
[Véase, J. Campbell, Las máscaras de Dios: mitología primitiva, Madrid, Alianza Editorial, 1991, págs. 19-20].

domingo, 17 de abril de 2011

Epístola



"Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra quienes practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas ésto, oh hombre tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás al juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el el día de la ira y la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primariamente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios".
[Santa Biblia, La Epístola del Apóstol San Pablo a los Romanos, II, 1-12].

domingo, 3 de abril de 2011

Vivimos igual que soñamos: solos.



"Ya sabéis que odio, detesto y no puedo soportar la mentira, no porque sea más recto que los demás, sino simplemente porque me horroriza. Hay un toque de muerte, un sabor a mortalidad en las mentiras, que es exactamente lo que más odio y detesto del mundo, lo que deseo olvidar. Me parece sentirme desdichado y enfermo, como si hubiera mordido algo podrido. Cuestión de temperamento, supongo. Bueno, estuve a punto de mentir porque dejé que aquel joven estúpido creyera todo lo que quiso imaginar acerca de mis influencias en Europa. En un instante me convertí en un ser tan falso como el resto de los hechizados peregrinos. Y ello simplemente porque tenía la idea de que de alguna forma esto serviría de ayuda a aquel tal Kurtz, al que no vi entonces..., no sé si me entendéis. Para mí él era sólo una palabra. Yo no veía a la persona en el nombre, no más de lo que vosotros podéis verlo. ¿Lo veis? ¿Veis el relato? ¿Veis algo? Tengo la sensación de estaros contando un sueño, pero inútilmente, porque ningún relato de un sueño puede transmitir la sensación del sueño, esa mezcla de absurdo, sorpresa y aturdimiento en un temblor en rebelión agónica, esa sensación de ser capturado por lo increíble, que constituye la esencia de los sueños..."
[Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas, Madrid, Cátedra, 3ª ed., 2007, pág. 169].

viernes, 1 de abril de 2011

Del Pensamiento Pre-lógico al Pensamiento Científico.


Mientras en la Ilíada se describen con precisión todo tipo de heridas y enfermedades provocadas por causas visibles y externas, en la Odisea, por el contrario, evidencia la parte misteriosa de las enfermedades humanas que carecen de causas visibles, sean estas externas o no. Esta dualidad contemplativa y explicativa de la naturaleza del hombre por parte de Homero se conoció debido a que por este tiempo la sociedad griega conoció la convivencia entre una medicina mágica y otra racional. Por otra parte, los filósofos griegos no promovieron a estas técnicas el rango de aplicaciones a la ciencia, sino que constituyeron en un sistema de aplicaciones tradicionales que no estaban sujetas ni a la reflexión crítica ni a la innovación. Estas características pueden explicar las distintas actitudes de la Ciencia Griega ante dos tipos de conocimiento no científico: el religioso y el técnico, que mientras el primero era capaz de proporcionar explicaciones a los fenómenos que el hombre admiraba, el conocimiento técnico no les parecía más que la mera explicación de los descubrimientos científicos.
Así se explica que Platón distinga entre el saber hacer, la técnica, y la ciencia que tiene sus propias exigencias de exactitud rigurosa,  sus reglas demostrativas y un lenguaje particular lo que la coloca en posición superioridad sobre la técnica. La ciencia al haber alcanzado su objeto de estudio propio, que no es otro sino la comprensión universal a través del razonamiento, se separa de la técnica que se basa en un conocimiento sensible de los fenómenos, frente al conocimiento inteligible propio del científico, y se interesa por los resultados sin prestar atención al medio por el cual se han conseguido. 
El recorrido histórico de la filosofía griega, lo que podría denominarse su prehistoria e historia, pone en evidencia que la explicación de los fenómenos no es condición sine qua non para considerarla científica, ya que los mitos hallados en las obras de Homero y Hesíodo son sin duda formas de explicación pre-lógica que abandonaron en favor de la lógica como elemento catalizador de la aprehensión de la realidad que analizaban. De otra parte, en la construcción del pensamiento científico griego la técnica se constituyó como un saber aplicado sin pretensiones explicativas, pues su propósito era adaptativo a las circunstancias y demandas prácticas de naturaleza social, política, económica y cultural.