martes, 24 de agosto de 2010

Guerra y Homero

Teggart nos explica que todavía no hay investigaciones concluyentes sobre si el avance humano ha sido resultado de la guerra, unos investigadores opinan que la guerra ha sido el mayor estímulo de progreso social, el más poderoso excitante que se conoce para todas las facultades.
"El intenso instinto de autoconservación impulsará una energía intelectual que ninguna otra cosa puede despertar. Las obras más grandiosas de la imaginación, los estallidos inmortales de los poetas, de Homero a Whitman, han estado bajo el estímulo del grito de guerra que retumbaba en sus oídos". Es obvio que la guerra ha desempeñado un papel significativo en el avance de la humanidad, pero sus beneficios han estado limitados a la ruptura de sistemas cristalizados de organización y de pensamiento. De donde se deduce que en el pasado, la entrada del avance humano ha sido el conflicto violento entre los representantes de las formas viejas y nuevas de acción y pensamiento, ya se manifiestan estas en Estados, en grupos dentro del Estado o en individuos. Y de la importancia de la interacción de ideas, de formas distintas de civilización como primera causa del progreso.
[Frederick J. Teggart, "Politización e individualidad", en Robert Nisbet, Thomas S. Khun, Lynn White y otros, Cambio social, Madrid, Alianza Universidad, 1988, págs. 180-181].

viernes, 20 de agosto de 2010

Teúrgia


Teúrgia y furor divino tenían un origen común y finalidades semejantes: liberar el alma de sus ataduras terrestres, rescatarla, purificarla y conducirla hacia el Uno. La teúrgia, bajo las enseñanzas del primer teólogo, Hermes Trimegisto, y después la poesía, dirigida por el hijo de Hermes, Orfeo, el segundo entre los teólogos, fueron los que inspiraron y empujaron a los hombres para que cantaran y se dirigieran a los dioses. Orfeo, junto con Alfión y Arión, fueron los primeros en conducir al hombres a edificar una costumbre absurda con trozos de roca y madera, es decir, estatuas y pinturas, primeros en conducir a la humanidad frente a ídolos. La filosofía había quedado como el tercer método de interrogación a dios.
El último grado del furor divino, escribía Proclo, dejaba el alma en los umbrales del Ser Supremo. El hombre no alcanzaba a unirse a Uno, que seguía siendo objeto de contemplación del sujeto. Cercanamente al Uno, el furor religioso se apaciguaba. El alma ya no podía seguir ascendiendo.
Por ello, la teúrgia era considerada superior a todo delirio; y en la época de decadencia del Imperio Romano, la teúrgia suplía la necesaria y confiada introspección anímica requerida por la filosofía del furor. La razón era incapaz por sí sola de comprender a Dios.
La ausencia de toda actividad racional en la iluminación del alma: ésta era la única diferencia entre el furor divino y la teúrgia. Mientras que el primero exigía que el hombre se esforzara en no dejarse llevar por los sentidos físicos y en prepararse para ser atraído y guiado por Dios hacia la Mente, en la segunda el hombre se abandona a la pasiva contemplación de la estatua transfigurada. No se le exigía ningún esfuerzo, Dios, en cuya mirada se entragaba, lo suplía todo, porque los hombres necesitaban ver a los dioses y perderse en ellos en fin de olviarse de ellos mismos.
[Pedro Azara, Imagen de lo invisible, Barcelona, Anagrama, 1992, págs. 54-55].

sábado, 14 de agosto de 2010

GRECIA Y FAULKNER

Preguntado William Faulkner cómo llamó a su novela Luz de agosto, respondió:
"En agosto en Mississippi hay unos cuantos días a mediados de mes en que súbitamente aparece una premonición de otoño, refresca, hay algo diáfano, una calidad luminosa, como si la luz no llegara sólo de hoy, sino desde los remotos tiempos clásicos. Puede contener faunos y sátiros y dioses y de Grecia, del Olimpo. Dura un día o dos, luego desaparece, pero en mi tierra esto ocurre cada agosto, y éste es el significado del título, para mí se trata simplemente de un título agradable y evocativo porque en ese momento me recordaba una luminosidad más antigua que nuestra civilización cristiana".
[Michael Millgate, William Faulkner, Barcelona, Barral Editores, 1972, pág. 200].

jueves, 12 de agosto de 2010

FRANZ KAFKA Y POSEIDÓN

Dice Kafka: "Poseidón se sentó ante su mesa de trabajo y revisó las cuentas. La administración de todos los océanos lo tenía muy atareado. (...) Lo que más le irritaba -y eso era lo que le indisponía con su trabajo-, eran los rumores que circulaban sobre él. Por ejemplo, que constantemente cabalgaba sobre las olas con su tridente, como un cochero, cuando la verdad era que se encontraba sentado en las profundidades de los océanos sin terminar nunca las cuentas. La única interrupción a ésa monotonía era, de vez en cuando, un viaje hasta Júpiter, del cual siempre regresaba exasperado. De ahí que casi no conocía los océanos, sólo los había visto en sus furtivas ascensiones al Olimpo. Y no se podía afirmar que realmente los hubiera navegado. Acostumbraba decir que lo haría cuando el mundo tocara a su fin, sólo para entonces tendría un momento de descanso. Justo antes del fin del mundo y sólo después de haber revisado la última cuenta le daría tiempo para una rápida gira".
[Franz Kafka, "Poseídón", Obras Completas, Barcelona, Edicomunicación, 1988, IV Vols. Vol. IV, págs. 1285-1286].

sábado, 7 de agosto de 2010

EL LABERINTO

"Este es el laberinto de Creta. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos. Este es el laberinto de Creta cuyo centro fue el Minotauro que Dante imaginó como un toro con cabeza de hombre y en cuya red de piedra se perdieron tantas generaciones como María Kodama y yo nos perdimos en aquella mañana y seguimos perdidos en el tiempo, ese otro laberinto".
[Jorge Luis Borges, Atlas, Buenos Aires, Emece Editores, 2008, pág. 36].

miércoles, 4 de agosto de 2010

El viaje para Albert Camus

Dice Camus, "El hombre está frente a frente consigo mismo: lo desafío a que sea feliz... Y, no obstante, ésa es la iluminación que le aporta el viaje. Surge un hondo desacuerdo entre él y las cosas. En ese corazón menos resistente entra con mayor facilidad la música del mundo. En esa tremenda indigencia, en fin, el mínimo árbol aislado se convierte en la más tierna y más frágil de las imágenes. Obras de arte y sonrisas de mujeres, razas de hombres plantadas en la tierra y monumentos en los que se resumen los siglos: el viaje compone un emocionante y sensible paisaje. (...) Pues lo que le da precio al viaje es el miedo. Destruye en nuestro fuero interno algo así como un decorado interior. (...) El viaje nos priva de ese refugio. Lejos de los nuestros, de nuestra lengua, arrebatados de cuanto nos sirve de apoyo, despojados de nuestras máscaras, (...) nos hallamos por completo en la superficie de nuestras personas. (...) Puedo decir, y lo diré dentro de un rato, que lo que cuenta es ser humano y sencillo. No, lo que cuenta es ser auténtico, y entonces ahí entra todo, la humanidad y la sencillez".
[Albert Camus, El revés y el derecho, Madrid, Alianza Editorial, 2006, págs. 64-79-80 y 90].

sábado, 17 de julio de 2010

Atlante

Atlante fue rey de Mauritania, hijo de Japeto y de Climenes, hermano de Prometeo; fue grande astrólogo y el primero que disputó de la esfera. Dicen los poetas de él que tuvo aviso de un oráculo que se guardase de todos los hijos de Júpiter, mostrándole la cabeza de la gorgona Medusa, le convirtió en piedra o monte, que de su mismo nombre se llamó Atlas o Atlante, tan alto, que nunca se ve su cumbre; y ansí fingen los poetas que sustenta el cielo en los hombros, el cual, por todas estas cosas, y lo principal por lo verdadero de su historia, dice de él Virgilio, príncipe de los poetas: Éste es el lugar de Etiopía donde Atlas, que soporta el cielo, hace girar con su hombro la bóveda celeste llena de estrellas; y por ser Atlas grande astrólogo, fingiendo que tenía y sustentaba el cielo sobre sus hombros.
[Agustín de Rojas Villandrando, El viaje entretenido, Jean Pierre Ressot (ed.), Madrid, Castalia, 1995, pág. 488].