viernes, 2 de abril de 2010

Canto de Sirenas...

"Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuanto sucede sobre la tierra fecunda".
[Homero, Odisea, Madrid, Cátedra, 2000, pág. 226].

jueves, 1 de abril de 2010

viernes, 26 de marzo de 2010

La Escuela Crítica de Frankfurt y el Mundo de Homero

Para la Escuela Crítica de Frankfurt la épica de Homero, o más concretamente, a medias épica mítica, a medias protonovela racional, había anticipado los temas centrales de la Ilustración. [Para Adorno, Horkheimer, Marcuse y Walter Benjamin, el mayor fracaso de la mentalidad de la Ilustración no fue su incapacidad para crear condiciones sociales en las que el nombre y cosa pudieran unirse legítimamente, sino más bien su eliminación sistemática de la negación en el lenguaje; con lo que se convirtió en nominalista, sustitución de fórmulas por conceptos, antes que realista, reconociendo el discurso del hombre e ignorando el de Dios]. Un ejemplo era la comprensión de que la autonegación y el renunciamiento eran el precio de la racionalidad subjetiva. Esa negación inicial de la unidad del hombre y la naturaleza estaba la raíz de todas las insuficiencias posteriores de la civilización. Comentaban que en la Odisea abundaba la relación entre renunciamiento y autoconservación en el pensamiento occidental: la negativa de Ulises a comer lotos o el ganado de Hiperión, a yacer con Circe sólo después de haberla hecho jurar de que no lo transformaría en un cerdo, su atarse al mástil de la nave para evitar el seductor canto de las sirenas... y añaden que con respecto a este último episodio, cargado de significaciones simbólicas, tenía semejanza con los trabajadores modernos que reprimían la gratificación a fin de continuar su tarea. Para el privilegiado la cultura seguía siendo "una promesa de bondad" sin la posibilidad de la realización. Fundamentalmente la versión de la racionalidad de Ulises era un esbozo de lo que llegaría después, al luchar contra la dominación mítica del destino, se veía forzado a negar su unidad con la totalidad. Por necesidad, para asegurar su autoconservación, debía desarrollar una racionalidad subjetiva y particular; su racionalidad se basaba en la estratagema y la instrumentalidad. Para Horkheimer y Adorno, Ulises era el prototipo de ese dechado de los valores de la Ilustración, el hombre económico moderno. Su viaje traicionero anticipaba la ideología burguesa del riesgo como la justificación moral de los beneficios. Incluso su matrimonio con Penélope involucraba el principio del intercambio, su fidelidad y el renunciamiento a sus cortejantes durante su ausencia a cambio de su retorno.
Para la escuela crítica, Homero tenía también un fuerte elemento de nostalgia, de deseo de reconciliación, el hogar al cual Homero quería regresar estaba todavía alienado con la naturaleza, mientras la verdadera nostalgia se justificaba, como señaló Novalis, sólo cuando el hogar significaba naturaleza.
[Martin Jay, La imaginación dialéctica, Madrid, Taurus, 1974, reimpresión 1984, págs. 424-427].

domingo, 21 de marzo de 2010

NIETZSCHE Y LOS DIOSES GRIEGOS

Para Friedrich Nietzsche los griegos no sabían ofrecer a sus dioses un condimento más agradable para su felicidad que las alegrías de la crueldad. Se pregunta ¿Con qué ojos creéis, pues, que hace Homero que sus dioses miren hacia los destinos de los hombres?. ¿Qué sentido último tuvieron, en el fondo, las guerras troyanas y otras atrocidades trágicas semejantes? Y responde que no hay menor duda, estaban concebidas como festividades para los dioses; y en la medida en que el poeta está en esto constituido más divinamente que los demás hombres, sin duda también como festivales para los poetas... Y añade: "De igual manera que los filósofos morales de Grecia pensaron más tarde que los ojos de los dioses continuaban contemplando la lucha moral, el heroísmo y el automartirio del virtuoso: el Hércules del deber estaba en un escenario, y lo sabía; la virtud sin testigos era algo completamente impensable para aquel pueblo de actores. Aquella invención de filósofos tan temeraria, tan funesta, hecha por vez primera entonces para Europa, la invención de la voluntad libre, de la absoluta espontaneidad del hombre en el bien y en el mal, ¿no tuvo que hacerse ante todo para conseguir el derecho a pensar que el interés de los dioses por el hombre, por la virtud humana, no podía agotarse jamás? En ese escenario de la tierra no debían faltar nunca cosas verdaderamente nuevas, tensiones, peripecias, catástrofes realmente inauditas: un mundo pensado de manera completamente determinista habría resultado adivinable para los dioses y, en consecuencia, también fastidioso al poco tiempo, -¡razón suficiente para que los amigos de los dioses, los filósofos, no impusieran a aquéllos tal mundo determinista! Toda la humanidad antigua está llena de delicadas consideraciones para con el espectador, dado que era aquél un mundo esencialmente público, esencialmente hecho para los ojos, incapaz de imaginarse la felicidad sin espectáculos y fiestas. -Y, como ya hemos dicho, ¡también en la gran pena hay muchos elementos festivos!...".
[Friedrich Nietzsche, La genealogía de la moral, Madrid, Alianza Editorial, 16ª reimpresión, 1994, págs. 78-79, Cursivas del autor].
Nota: El cuadro es de Peter Paul Rubens (1577-1640) y se encuentra en el Museo del Prado, Madrid. Además de París, aparecen Hermes, Atenea, Afrodita y Hera.

sábado, 20 de marzo de 2010

LOS VIAJES DE ODISEO

Odiseo llegó a la isla de Sicilia, donde el Titán-Sol Hiperión, al que algunos llaman Helio, apacentaba siete manadas de magníficas vacas, a razón de cincuenta cada rebaño, y grandes rebaños de robustas ovejas. Odiseo hizo que sus hombres juraran que se contentarían con las provisiones que les había dado Circe y no robarían una sola vaca. Desembarcaron y amarraron el navío pero el Viento Sur sopló durante treinta días, y pasaron calamidades aún pescando y cazando todos los días, y Euríloco desesperado por el hambre, llevó aparte a sus compañeros y les indujo a matar parte del ganado, en compensación pensaban erigir a Hiperión un magnífico templo a su regreso a Itaca, asaron buena carne para un banquete de seis días. Odiseo se horrorizó cuando despertó, Hiperión se quejó a Zeus, quien al ver que la nave de Odiseo surcaba el mar, envió una súbita tormenta del oeste que derribó el mástil, haciéndolo caer sobre la cabeza del timonel; luego descargó un rayo en la cubierta. La nave se hundió y todos los que iban en ella se ahogaron, con excepción de Odiseo. Éste consiguió amarrar el mástil y la quilla flotantes con una cuerda de cuero de buey y se sentó a horcajadas en esta embarcación provisional. Pero comenzó a soplar un viento del sur que lo llevó de nuevo al remolino de Caribdis. Odiseo se asió al tronco de una higuera silvestre arraigada en lo alto del risco y colgado de ella esperó sin cejar a que el mástil y la quilla fuesen tragados y vomitados de nuevo; luego se asentó otra vez en ellos y se alejó remando con los brazos. Tras nueve días a la deriva desembarcó en la isla de Ogigia, donde vivía Calipso, la hija de Tesis y Océano, o quizá de Nereo, o Atalante.
[Homero, Odisea, Madrid, Cátedra, 2000, págs. 220-233].

viernes, 12 de marzo de 2010

ARIANA

"En la fresca solemnidad de las galerías, su frente será más roja, de un rojo denso de sombra, y como lunas enemigas se enhiestarán los cuernos luminosos. Envuelto en el silencio vacuno que ha precedido su amargo crecimiento, paseará con los brazos cruzados sobre el pecho, mugiendo despacio.
O hablará. Oh sus dolidos monólogos de palacio, que los guardias escuchaban asombrados sin comprender. Su profundo recitar de repetido oleaje, su gusto por las nomenclaturas celestes y el catálogo de las hierbas. Las comía, pensativo, y después las nombraba con secreta delicia, como si el sabor de los tallos hubiera revelado el hombre... Alzaba la entera enumeración sagrada de los astros, y con el nacer de un nuevo día parecía olvidarse, como si también en su memoria fuera el alba adelgazando las estrellas. Y a la siguiente noche se complacía en instaurar una nueva nominación, ordenar el espacio sonoro de efímeras constelaciones...
No sabré ya nunca por qué su prisión alza en mí las máquinas del miedo. Tal vez entonces comprendí que estaba envuelto en una existencia ajena al hombre. Los hermanos parecen menos hombres y menos vivos, imágenes adheridas a las nuestra, apenas libres. Duele decir: hermano. ¡Lo es tan poco, turbio anochecer de nuestra madre! ¡Oh Minotauro, no quiero pensar en Pasifae, tú eres el Toro, el cabeza de toro recogido y amargo! Y alguien marcha contra ti mientras mi ovillo decrece, vacila, brinca como un cachorro en mis manos y bulle quedamente...
Los ojos de Teseo me miraron con ternura. Cosa de mujer, tu ovillo; jamás hubiera hallado el retorno sin tu astucia. Porque todo él es camino de ida. Nada sabe de nocturna espera, del combate saladísimo entre el amor y la libertad, ¡oh habitante de estos muros!, y el horror a lo distinto, a lo que no es inmediato y posible y sancionado.
Me dijo del triunfo, de su nave y del tálamo. Todo tan claro y manifiesto. A su lado era yo algo maligno e impuro, lácteo punto turbio en la claridad de la esmeralda. Entonces ordené las palabras de la sombra: Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana. Marchó sin más preguntas, seguro de mi soberbia, pronto a satisfacerla. Si hablas con él dile que este hilo te lo ha dado Ariana...¡Minotauro, cabeza de purpúreos relámpagos, ve cómo te lleva la liberación, como pone la llave entre las manos que lo harán pedazos!
El ovillo es ya menudo y gira velocísimo. Del laberinto asciende una sonoridad de pozo, de tambores apagados. Pasos, gritos, ecos de lucha, todo se confunde en el uniforme murmullo como de mar espeso. Sólo yo sé. ¡Espanto, aleja esas alas pertinaces! ¡Cede lugar a mi secreto amor, no calcines sus plumas con tan horrible duda!. ¡Cede lugar a mi secreto amor! ¡Ven, hermano, ven, amante al fin! ¡Surde de la profundidad que nunca osé salvar, asoma desde la hondura que mi amor ha derribado! ¡Brota asido al hilo que te lleva el insensato! ¡Desnudo y rojo, vestido de sangre, emerge y ven a mí, oh hijo de Parsifae, ven a la hija de la reina, sedienta de tus belfos rumorosos! El ovillo está inmóvil. ¡Oh azar!
[Julio Cortázar, Los Reyes, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1970, pág. 23].

jueves, 4 de marzo de 2010

LA HUMANIZACIÓN DE LOS DIOSES

En el recomendable libro de M. Finley, "El mundo de Odiseo", comenta el autor hablando de que la humanización de los dioses fue un paso de asombrosa audacia, al describir seres sobrenaturales no como espíritus sin forma, sino como hombres y mujeres, con forma humana y pasiones humanas, como una muestra de orgullo a la propia humanidad. Después de crear a los dioses de esta manera, el hombre homérico se decía a sí mismo semejante a los dioses. Nunca Homero cruzó la línea entre lo mortal y lo inmortal; esta universalidad de la humanidad de Homero era tan audaz y notable como la humanidad de sus dioses. Representa, para Finley una revolución religiosa, presentada de golpe, que jamás había existido antes en la historia de las religiones conocidas, ni orientales ni occidentales; aunque no fue completa ni universal, ya que la historia de la religión griega de los siglos siguientes muestra variaciones en este aspecto, según la clase social, carácter, temperamento individual, circunstancia. Más paradójico resulta el que los antiguos dioses de la naturaleza sobrevivieran, pero degradados o echados de lado, deliberadamente por parte de Homero, y ésta es precisamente la cuestión: los dioses homéricos eran malvados, pero estaban desprovistos de cualquiera cualidad ética. Para Finley, la ética del mundo de Odiseo estaba hecha por el hombre y sancionada por el hombre, éste los dirigía para que le ayudaran en sus múltiples actividades, no para pedirles una guía moral, con lo que los dioses olímpicos no habían creado el mundo, y por tanto no eran responsables de él. Los filósofos que le siguieron, protestaron contra la indiferencia de los dioses homéricos en materia de moral, pero es Aquiles quién explica la doctrina: "Los dolores, no obstante, dejémoslos reposar en el ánimo, a pesar de nuestra aflicción. Nada se consigue con el gélido llanto, que hiela el corazón. Pues lo que los dioses han hilado para los míseros mortales es vivir entre congojas, mientras ellos están exentos de cuitas. Dos toneles están fijos en el suelo del umbral de Zeus: uno contiene los males y el otro los bienes que nos obsequian. A quien Zeus, que se deleita con el rayo, le da una mezcla, unas veces se encuentra con algo malo y otras con algo bueno. Pero a quien sólo le da miserias le hace objeto de toda afrenta, y una cruel aguijada lo va azuzando por la límpida tierra, y vaga sin el aprecio ni de los dioses ni de los mortales".
[M. I. Finley, El mundo de Odiseo, México, Fondo de Cultura Económica, 1973, 1996 reimpresión, págs. 70-72; Homero, Ilíada, Madrid, Gredos, 2006, págs. 497-498].