domingo, 29 de agosto de 2010

El escudo de Aquiles

El canto XVIII de la Ilíada, Tesis suplica a Efesto, el herrero de los dioses, que forje una armadura y un escudo para su hijo Aquiles. Homero describe el detalle las escenas cívicas, agrarias y pastoriles cinceladas en el escudo, un microcosmos de la vida cotidiana pacífica en tiempos homéricos. Comienza con la Tierra, la Luna, el Sol y las constelaciones repujadas en el centro, y termina con una escena de baile en Creta, cuyos pasos remeda el de los vericuetos del laberinto cretense, y con la mención del río Océano que según se creía rodeaba el mundo conocido. La descripción del escudo de Aquiles constituye seguramente la écfrasis más antigua conocida de la historia de la literatura, y el ejemplo de lo que algunos críticos modernos han venido a denominar "écfrasis nocional", es decir la representación literaria de una obra de arte imaginaria, en oposición a "écfrasis real", que describe una obra de arte existente.
Se sabe, por ejemplo, que la maestría de describirlo pintándolo no como estaba en un momento dado de la acción narrada, sino como se hacía en la fragua de Vulcano. Desde entonces, en la literatura europea, una buena descripción es una descripción temporizada, técnica descriptiva y narrativa a la vez, que nos invita a considerar la descripción como partes integrantes de la narración. Podemos afirmar que la descripción y el relato son los dos testigos que dicen la verdad poética de la narración, y la frontera entre ellos es una frontera interna.
[Véase, Homero, Ilíada, Madrid, Gredos, 2006, págs. 379-384; Harald Weinrich, "Al principio era la narración", en Tzvetan Todorov y otros, La crisis de la literalidad, Madrid, Taurus, 1987, págs. 110-111].

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