martes, 20 de abril de 2010

El mito de Morfeo

En la mitología griega Morfeo era considerado el dios del sueño, hijo de Hipnos, que representaba el sueño y de Nix, considerada la noche y hermanastro de Tánatos, la muerte. Se le encomendó a Morfeo la misión de crear sueños con forma humana para aquellos que dormían. Tenía la habilidad de recorrer el mundo con sus alas, fabricando fantasías para los humanos, y si alguién presentaba dificultades, les mecía en sus brazos y les seducía, llevándoselos al mundo onírico, en casos adquiriendo la forma de algún familiar del insomne. Sus hermanos, Fobetor y Fantaso estaban encargados el primero de la aparición de animales, y el segundo de los objetos que aparecían en los sueños, le ayudaban, mientras Iquelo, el espíritu de oscuras alas traía las pesadillas. Con una varita o una flor de amapola tocaba la frente de los hombre para dormirlos, y vivía en un palacio construido en el interior de una cueva, por lo que nada ni nadie alteraba su tranquilidad. Dormía en una cama de ébano en un lecho cubierto de amapolas y revoloteaban a su alrededor todas las aves nocturnas, mientras por una puerta del palacio salían los sueños verdaderos y sanadores, por la otra salían los falsos y las pesadillas.
Cuenta la mitología que cuando Ceice, rey de Traquis y casado con Alcíone, hija del dios de los vientos Eolo, se ahogó; su esposa se enteró del trágico final por un sueño transmitido por Morfeo. Alcíone desesperada de dolor se lanzó al mar buscando la muerte junto a su amado, viendo así la importancia del sueño para los humanos.
Morfeo terminó siendo asesinado por Zeus por haber revelado secretos a los humanos.
Repetimos las palabras de Novalis: "Huyó la maravilla de la tierra y huyó con ella mi tristeza - la melancolía se fundió en un mundo nuevo, insondable - ebriedad de la Noche, Sueño del Cielo, tú viniste sobre mí - el paisaje se fue levantando dulcemente; sobre el paisaje, suspendido en el aire, flotaba mi espíritu, libre de ataduras, nacido de nuevo".
[Novalis, Himos a la noche. Enrique de Ofterdingen, Eustaquio Barjau (ed.), Madrid, Cátedra, 3ª ed., 2004, pág. 68].

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